prefiero la duda a la certeza, lo sutil a lo concreto, la posibilidad al hecho, el mito a la leyenda, la lluvia de otoño al sol de verano, el pecado a la pureza, las cosas pequeñas a las grandes, las diablas a los dioses, la izquierda a la derecha y la literatura a la realidad. viví en barcelona más de una década y ahí aprendí a ser uno de esos otros∙muchos que me habitan∙todos. sé ahora que escribir es escribir∙me y que todo texto es mejor que su autor.
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mayo 02, 2012
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abril 23, 2012
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Usaba el pelo muy corto.
Pude mirar su nuca.
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abril 13, 2012
El próximo viernes 20, a las 20h. En Casa Amèrica Catalunya, lectura dramatizada:
Mastroianni y el gas
- Día / HORA:
- 20/04/2012, 20:00 H
- Lugar:
- Casa Amèrica Catalunya
- C/Córsega 299. Barcelona.
abril 12, 2012
gotas.de.mercurio [próximamente]
los míos,
los que no he dado.
Aquellos que he madurado en mis labios y he protegido con minúsculos caparazones de insecto.
Aquellos que he guardado bajo la espiral de la voz, bajo el gesto milenario de la sonrisa.
abril 07, 2012
soledad.piedra I
I
sobre el mapa recorres con el índice la carretera que une a oaxaca con puerto escondido en busca de un nombre que te dé noticia de su nombre. fallas. erras. te equivocas. la trayectoria de tu dedo sobre el papel te lleva a su piel. te preguntas cuántas veces vagó tu yema por sus pechos, por su vientre, por su pelvis. cuántas fronteras trazó. cuántas carreteras inventaste para unir sus pezones a su ombligo. el mapa de su piel se impone sobre el mapa que toca tu yema aquí, a muchas ciudades de distancia, rodeado de un paisaje opuesto, contradictorio al suyo. te gustaría saber cuántos pueblos se interponen entre su voz y tu voz pero, pese a que tienes el mapa debajo de tu palma, no lo revisas. su recuerdo pesa. piensas en los límites de su piel y la tuya cuando sus cuerpos estuvieron juntos. aquella finísima línea que une y separa, que indica dónde terminas tú, dónde comienza lo otro; y lo otro, entonces, era ella. toda: ocupando el espacio inmediato a tus lindes, frente a ti, encima de ti, alrededor de ti. piensas en sus orillas, agudas, innatas, constituyentes. experimentas un deseo casi hiriente de vivir en la frontera muchos años hasta volverte fronterizo, como ella: entre aquí y allá, en mitad de esto y lo otro, sujetando una cosa con una mano y otra con la otra. limítrofe como ella:
mujer.mitad,
mujer.puente,
mujer.frontera.
vuelves al mapa, ella te ha dicho que firmará su próxima novela con un pseudónimo que corresponde a un pueblo de esa geografía: «no firmaré con mi nombre», dijo tirada sobre la cama, desnuda, fumando, «usaré el de un pueblo que se encuentra entre oaxaca y puerto escondido». supiste que era un juego. supiste que lo que ella pretendía era que tú adivinaras el pueblo para corroborar que el azar estaba a favor de esa anomalía que estaba creciéndoles dentro. por el rabillo del ojo la viste soltar una bocanada grande de humo. su cuerpo rozaba tu cuerpo. su cuerpo era el límite de tu cuerpo. «me gustaría adivinar cuál es», dijiste y mezclaste el humo de tu boca con el humo de la suya, «pero si acierto…». «si aciertas», te interrumpió, «no te dejaré ir jamás».
acertaste.
lo malo fue que lo hiciste días después.
lejos ya de ella.
marzo 21, 2012
El oficio de contar.
Sobre La verdadera historia de Matías Bran, de Isabel Alba.
¿Qué es una novela si no el intento de abrir a golpe de nube y hacha el pensamiento de los hombres?
Generalmente nos acercamos a una novela en busca de varias cosas:
una voz que nos haga sentir algo que deseamos sentir [quizá ocultamente];
una historia que ponga en duda nuestra idiosincrasia;
un consuelo a nuestros desatinos;
un personaje con el que compartamos nuestros miedos o celos o rabias o nostalgias o perversiones.
Generalmente nos acercamos a una novela con la intención de que alguien nos cuente algo y nos lo cuente bien. Real o ficticio, autobiográfico o inventado pero que lo haga bien. Es decir, que tengamos la oportunidad de buscar nuestros vicios y grandezas en los personajes, en la trama, en la voz que cuenta.
Digo esto porque al acercarnos a La verdadera historia de Matías Bran sin duda tropezaremos, por encima de todo, con una historia. Una historia honesta, de aquellas que mantienen su mirada en nuestros ojos al momento de revelarnos sus secretos. Repito, al momento de revelarnos sus secretos; ya que Isabel Alba ha construido un hermoso y contundente artefacto narrativo y dentro se ha medito ella, desnuda, con todos sus significados.
La autora ha hecho esto, a mi juicio, aplicando el oficio de manera tenaz, compleja y, en ciertos momentos, entusiasta, pero permanentemente debajo de un aislamiento que termina por parecerse a la tristeza. Pero no la tristeza común; sino aquella nítida y lejana que es capaz incluso de arrancarnos las letras, las palabras, la tinta, los papeles… y la punta de los lápices. [sic]
Con una precisión de bisturí, la autora se detiene en fechas, en nombres, en gestos que sirven de pequeños destellos que dan norte al lector. Ese es otro acierto: dedicarle el tiempo necesario a los personajes y sus oficios hasta nombrarlos todos, uno a uno, exhaustivamente. Nombrarlos para que puedan ser. Ser para que puedan suceder.
Isabel Alba se sabe dueña de la historia. A veces se hace presente, a veces tácita, a veces oculta, a veces especulativa a tal grado que nos hace ver lo que podría pasar pero no pasa; otras muchas irreverente pero siempre descarnada y fiel.
¿Qué es una novela si no el intento de abrir a golpe de nube y hacha el pensamiento de los hombres?
La verdadera historia de Matías Bran es un texto que usa la imagen como si usara el lenguaje [imágenes que se leen como palabras], pero también una historia de insurrección que va de
Estamos delante de una historia de rebelión, de lucidez, pero sobre todo, del desconsuelo que nos hace pensar en lo absurdo de los conflictos armados y en lo empecinados que estamos, nosotros los hombres, en ir a ellos una y otra y otra y otra vez, como el uróboro, aquel ser mitológico que se devora a sí mismo.
Esta novela atrapa no sólo por su magnífica calidad, sino por su estructura diáfana, porque nos tienta, nos susurra, nos devela. Isabel nos cuenta de muchas formas posibles, nos narra, nos dice en diálogo, en imagen, con acotaciones, con diferentes voces narrativas y diferentes narradores; incluso más simple aún, con pintadas en los muros de Granada u otros graffitis de mundos anónimos.
Y todo esto, también debo decirlo, atravesado por los hilos de la poesía:
«La nieve es blanca y fría.
Las remolachas son rojas.
Los niños rumanos son azules,
fríos y rígidos bajo la nieve.
En primavera son negros.
Asoman, pedruscos huérfanos, entre los brotes verdes recién nacidos.»
[sic]
¿Qué es una novela si no el intento de abrir a golpe de nube y hacha el pensamiento de los hombres?
Para terminar diré que toda esta historia, todo este artefacto luminoso, pende de una fina tela de araña a punto de romperse que lo dejaría caer y hacerse añicos al estrellarse contra la contundencia de la realidad. Ciertamente lo dice mejor la autora: «Si Matías Bran aprieta el gatillo la historia se irá con él, o tal vez no, a la fosa del olvido». [sic]
marzo 20, 2012
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Hace un momento sonó tu teléfono celular y no supe qué hacer, Dorina. Súbitamente una ráfaga de miedo se coló en mí junto con la cancioncita...
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Semilla de maíz. Soy una semilla de maíz. Estoy puesta aquí por las manos de un nagual. Me ha dejado aquí para que mi sangre, sangre la tier...

