Edson Lechuga (Pahuatlán del Valle, 1970), escritor y poeta mexicano residente en Barcelona, nos introduce en su última novela gotas.de.mercurio
(2012), una ingeniosa fusión de géneros literarios y de elementos
metatextuales, que retratan la soledad y la evasión autodestructiva de
un joven narrador y de su entorno. Es también autor de Llovizna (2011) Luz de luciérnagas (2010) y de los poemarios Elefantes y papalotes (2011) y El canto de los búhos (2001)
Barcelona, México DF y Pahuatlán, lugares comunes para ti, son los escenarios donde transcurre la historia de tu última novela, gotas.de.mercurio, ¿estamos ante una creación marcada por lo autobiográfico?
A mi juicio cualquier obra es autobiográfica en mayor o menor medida,
en el sentido en que no es posible escribir acerca de algo que no haya
sido percibido por el autor. El tema está en el uso que hacemos de la
biografía. En mi caso es evidente que mis geografías reales coinciden
con las literarias, pero la diferencia reside en que estas últimas son
un reflejo espectral de aquellas, por lo tanto, nuevas, únicas,
habitables en primer lugar por los personajes construidos dentro de ese
mismo espacio, y en segundo, por el lector. Quiero decir que las
geografías de mi narrativa están basadas en mis geografías propias, pero
puestas al servicio de unos hechos y unas vidas completamente
diferentes a la mía.
¿De qué manera se manifiesta en tu vida y obra la
interculturalidad –náhualt, panhispánica, catalana y europea– desde que
estableciste tu residencia en Barcelona?
La distancia ofrece perspectiva, y la perspectiva reflexión. El hecho
de ser un huasteco viviendo en Barcelona me ha dado la oportunidad de
acercarme con ojos ajenos a sitios propios; es decir, en principio,
reconocer lo conocido y, en el mejor de los casos, redefinir lo
definido.
La desolación, la sordidez humana, el paisaje gris y oscuro
están presentes en tus obras, ¿qué significa Juan Rulfo en tu carrera de
escritor y poeta? ¿Qué te sugieren los siguientes nombres: Roberto
Bolaño, César Vallejo y Agota Kristof?

Rulfo
me enseñó que el tiempo no es lineal sino fragmentado y que el espacio
está supeditado a este tiempo. También que la tradición es la base de lo
futuro y, por encima de esto, que lo muerto es imprescindible a la
hora de definir lo vivo. Vallejo que la tristeza esencial, la tristeza
de nihilismo del hombre, solo puede ser soportada por la poesía, y la
lluvia. Kristof, por su parte, que todos los lugares son el mismo lugar y
que todos los odios son el mismo odio; pero más que nada, que la
escritura es un proceso dual, donde el escritor debe aprender a
desdoblarse para poder mirarse desde su texto.
Y a Bolaño le admiro, sobre todo, la rabia, la violencia, la pasión
con la que propone deshacerse en la narración de una manera tan
enfermiza que termina teniendo más sentido en sus textos que en su
realidad. Bolaño me enseñó que escribir es un acto de dignidad y de luz y
de terror.
En gotas.de.mercurio hay una aproximación a la
mística, la superstición y a la religiosidad popular, ¿constituye para
ti un recurso argumental o la reafirmación de algún credo?
Mi ruta en temas religiosos ha sido como la de muchos. Nací en una
familia no practicante pero a la sombra del catolicismo; pasé luego al
repudio, luego al estudio, luego al desamparo. Hasta que, con el paso de
los años, he ido arribando a un espacio de paz construido con vírgenes
fértiles como la tierra, árboles estoicos y una fascinación por el
impulso irrefrenable de la naturaleza. Ningún dios, sin embargo; solo la
fuerza incomprensible de lo natural. El milagro de nacer es igual de
extraordinario que el milagro de morir. Quiero decir que el hecho de que
algo cobre vida es igual de sublime al hecho de que algo deje de
tenerla.
¿Consideras que el título gotas.de.mercurio es una metáfora del carácter errático, volátil, inestable y tóxico del protagonista, Sergio Bretón, y su entorno?
No solo esos sino que
gotas.de.mercurio es también una
alegoría de cómo elementos únicos se fusionan tan solo con un levísimo
roce de sus lindes y forman un elemento igualmente único. La novela está
organizada en capítulos en apariencia independientes unos de otros,
pero que al tocarse componen una sola idea. Dichos capítulos están
compuestos por sucesos que tienen un estado de ánimo similar. Por eso
están titulados de esta manera: Vaho, Niebla, Sal, Sed, etcétera.
Los personajes femeninos tiene un peso gravitante en la
trama: Silvana (la fotógrafa solitaria), Dorina (la alumna enamorada de
su profesor) y Lara (la novia del hermano del protagonista y, a la vez,
amante de éste). ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian?
gotas.de.mercurio es también un viaje a lo femenino. Las
mujeres de la novela pretenden acercarnos a diferentes ángulos de la
feminidad: la inasibilidad de Silvana, la fragilidad de Dorina, Lara es
descarnada, la lascivia de Martha, la pureza de Elisa. Lo femenino es un
elemento que me perturba y me atrae. Hoy entiendo lo femenino como algo
insondable, y por lo mismo, magnético.
La novela también incide en la representación de Caín y Abel
(Diego y Sergio), la figura del doble, la traición y el engaño (Martha y
Elisa), ¿se trata de una relectura de Claus y Lucas de Agota Kristof?
En algún sentido sí, pero por otra parte propone otras líneas de
indagación: la ausencia que es presencia; la ingravidez de las
emociones; el pasado que no pasa; la búsqueda.
¿Qué
grado de dificultad te ha implicado construir el plano introspectivo de
tus personajes, movidos por un instinto autodestructivo y de evasión
permanente?
Entiendo que mis personajes se autodestruyen porque no pueden cambiar
por sí mismos y tampoco pueden cambiar su realidad. Sergio Bretón lo
intenta pero no lo consigue, el pasado es más fuerte que su voluntad. En
este sentido
gotas.de.mercurio es la historia de un fracaso,
un gran fracaso: un hombre que intenta dejar de ser quien es para
convertirse en alguien más –menos melancólico, menos ingrávido– pero
que, tristemente, no lo consigue. Por otro lado mis personajes son
introspectivos porque ese es el terreno narrativo que me seduce: la
introspección, el cuestionamiento, la duda.
Volviendo a Rulfo, en tu primera novela, Luz de luciérnagas,
convive el mundo de los vivos y de los muertos, ¿existe una intención
estética de exorcizar los demonios de la matanza de Tlatelolco (1968) y
del terremoto en México DF (1985)?
Sí,
Luz de luciérnagas es, también, una denuncia y un duelo por las personas implicadas en estos acontecimientos.
Por otra parte, en tu libro de cuentos Llovizna
afrontas temas tabú como la pedofilia (“Cartas de amor de un hombre
solo”) y la necrofilia (“Funerales Fragoso”), practicada por personas
que van a misa y asisten a ritos religiosos. ¿Esta paradoja es casual u
obedece a una intención de explorar la psicología humana?
Cada persona, cada ser humano es una entidad compleja y con muchas
definiciones, con muchos matices más de los que la televisión muestra.
Llovizna intenta una exploración a estas capas que nos constituyen.
¿Podrías hablarnos de tu obra poética?
Sospecho que la poesía es nuestra única salvación. O la mía. Sospecho
que ante los grandes interrogantes de la existencia la única
posibilidad es el acto poético, la poesía.viva, latente, en
movimiento. No hay respuesta a las grandes preguntas, pero hay poesía.
Sospecho que la poesía es un acercamiento a lo sutil, apenas un roce a
aquel impulso que hace que, de un momento a otro y por generación
espontánea, una célula cobre vida y un corazón lata. Después de todo nos
quedará el poema… y la lluvia, que no es otra cosa más que poesía
líquida y en movimiento.
Escribo poemas en busca de amparo. No sé qué más decir.
Apelas a la fusión y yuxtaposición de géneros. No te limitas a
relatar historias a través del texto, sino que otorgas una condición
narrativa a las fotografías, estampas, planos de calles, cubiertas de
libros, como ocurre en tus novelas gotas.de.mercurio y Luz de luciérnagas. ¿Qué papel juega la fragmentación como lenguaje poético-narrativo?
Intento poner al servicio de una historia varias disciplinas, para
que entre todas constituyan una sola entidad: una novela. La
fragmentación como posibilidad de redefinición de espacios, de tiempos,
de emociones. La fragmentación como elemento donde buscar un reflejo y
hallar muchos y diferentes a partir de uno en principio indivisible.
Ver, en un espejo roto, nuestro rostro convertido en muchos. Diferentes
géneros participando en un solo discurso y con un único sentido.
El panorama actual de la literatura mexicana goza de buena salud. ¿Qué autores y títulos recomiendas? ¿Y en la península?
Ciertamente en México se están haciendo grandes novelas. Pero sobre
todo se están definiendo escritores con líneas de indagación muy
interesantes y consistentes. Para no llenar de nombres me ciño a dos
recomendaciones, un mexicano y un español: David Miklos y Alfons
Cervera.
De cara a los próximos meses, ¿qué proyectos tienes?
Este año publicaré un libro de relatos,
soledad.piedra. Ahora mismo estoy escribiendo
perros.de.azotea, una novela que cierra esta suerte de trilogía completada por
Luz de luciérnagas y
gotas.de.mercurio.