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febrero 14, 2011

Estatuas inundadas

Soñé con estatuas inundadas.
Una multitud de monumentos caían hacia el fondo del océano. No se trataba de héroes sino de bestias. Descendían en cámara lenta monstruos de mármol blanco, sirenas de mármol blanco, centauros de mármol blanco. Silenciosas y muertas, frías, las vi perderse en el fondo oscuro.

febrero 11, 2011

El Abecé DF, en El País.


Ruta por el maravilloso y caótico Distrito Federal.

El Distrito Federal no es una ciudad, sino más bien, la suma de muchas. Una urbe donde conviven casi todos los sabores del país, varias de sus fisonomías, idiosincrasias y cosmovisiones. Debajo de esa suerte de indefinición con la que se ve a distancia se haya una ciudad cordial y contrastante, sutil e intensa, bien puesta en su sitio, pero a la vez, como si no fuese a continuar en pie al día siguiente. Sitio elegido por puños de escritores y artistas para sus quehaceres debido a esa extraña anarquía con la que atrapa; lugar abierto a constantes estímulos, pero también, contenedor secreto de rincones de silencio. El DF puede parecer desordenado pero ya en entre su gente descubriremos la amabilidad y parsimonia de una ciudad tapizada por otras ciudades. Aquí, en esta ruta, una probadita de sus contrates y gentilezas.
Contemplar la Plaza de la Constitución provoca una suerte de espejismo que nos hace pensar en la grandeza de Tenochtitlan, capital de los mexicas. A sus flancos se encuentran algunos de los edificios más importantes de México: la Catedral Metropolitana, dedicada a la Asunción de la Virgen María, una de las principales obras del arte mexicano e hispanoamericano; y el Palacio Nacional, construido en 1522 como segunda residencia de Hernán Cortés sobre el palacio de Moctezuma Xocoyotzin y donde Diego Rivera pintó algunos de sus murales más emblemáticos. En la esquina noreste de la plaza se encuentran la zona arqueológica del Templo Mayor [centro dominante de la vida religiosa de los aztecas de México-Tenochtitlan] y el museo que la resguarda, declarada por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Caminando por el Centro Histórico tropezaremos con sus muchas maravillas como el Museo del Estanquillo [Isabel la Católica 26] que aloja la colección personal de pinturas, fotografías, juguetes, álbumes, calendarios y libros del escritor Carlos Monsiváis quien durante más de 30 años se dedicó al coleccionismo de objetos de la cultura popular mexicana. Otro tropiezo afortunado es el mercado de La Ciudadela donde artesanos manufacturan piezas de todas las regiones del país como zarapes coloridos, joyería en metales preciosos, cerámica, cestería, vidrio soplado, cuero y madera. Además es un buen sitio para practicar la interesante costumbre del regateo. El siguiente punto es la colonia Roma-Condesa donde hallaremos bares, restaurantes, librerías, galerías de arte y sitios salpicados de esténcil y graffiti’s alternativos. Tres recomendaciones: la exquisita comida yucateca de la cantina Xel-Ha [Parral 78]; el café de la librería Rosario Castellanos [Tamaulipas 22] para extender la sobremesa rodeados de literatura; y, de noche, el bar Lilit, virtud y vicio [Orizaba 125] con su atmósfera que transpira arte en todos sus rincones y nos acerca a experiencias gastronómicas, estéticas y etílicas. Volviendo a la vida diurna, hay que visitar el Castillo de Chapultepec; construido por el virrey Bernardo de Gálvez y Madrid como su casa de veraneo, sus muros trasminan la historia de los siglos: fungió como Archivo General del Reino de la Nueva España, fue sede del Colegio Militar y es el lugar más simbólico de la guerra contra la intervención estadounidense de 1847. También fue residencia del emperador Maximiliano I de México y su esposa Carlota, quienes amueblaron el recinto con arte europeo de la época y muchos otros finos artículos que siguen exhibiéndose hoy en día. Una avenida conecta al castillo con Palacio Nacional: Paseo de la Reforma. Vía ideada por el mismo Maximiliano para tener acceso directo al centro neurálgico de su imperio, Reforma conserva el diseño de los imponentes bulevares franceses. En mitad de esta avenida se encuentra el emblemático monumento conocido como el Ángel de la independencia, inaugurado en 1910 para conmemorar el Centenario de la independencia de México e ícono actual de la ciudad y lugar de festejos nacionales. Nada más bajar del cerro de Chapultepec se encuentra el Museo de Antropología e Historia, quizá el recinto antropológico más importante de México y América Latina, concebido para albergar el legado arqueológico de los pueblos de antes de la llegada de los españoles, así como para dar cuenta de la diversidad étnica del país. Continuando con la ruta hacia el sur encontraremos El Polyforum Siqueiros, donde el muralista David Alfaro Siqueiros dejó impresa “La Marcha de la Humanidad”, considerado el mural más grande del mundo. La ruta nos lleva, ahora, a Coyoacán, sitio donde convergen historia, cultura y arquitectura. Sus museos, iglesias, parques y cafecitos invitan a plácidos paseos vespertinos. Caminar por la plaza Centenario, sentarse en las banquitas del jardín de La Conchita con un aromático café del Jarocho, dejarse estar en el ambiente de globeros, puestos de elotes, danzas prehispánicas y tambores es una experiencia que no debe perderse. En el corazón de Coyoacán se encuentra La Casa Azul de Frida Kahlo [Londres 247], donde nació, vivió y murió la pintora. Ahí se encuentran varias de sus más famosas obras y muchos de sus objetos personales. Por último y para cerrar esta estrecha y apresurada ruta, no pierdan la oportunidad de pasear por los jardines de la Universidad Nacional, por el aroma de sus muros, por el Espacio Escultórico, la Torre de Rectoría y el novísimo Museo Universitario de Arte Contemporáneo, símbolo inequívoco del México de vanguardia.
Muchas otras cosas hay en esta ciudad que se oculta. Muchos rostros esperando ser descubiertos por nuestros ojos. Muchos rincones íntimos e inolvidables de esta ciudad enorme compuesta por muchas ciudades pequeñas.



enero 15, 2011

México. Duele. México



Hoy México duele. Me duele.
Me ofende, me indigna, me enfurece, pero sobre todo: me duele. Cada día al consultar la prensa nacional e internacional doy de bruces contra esta realidad imposible de comprender, esta realidad que se escapa a mis más sesudas reflexiones. Una pregunta traza líneas en el cielo como estelas de avión, o más bien, como buitre. Asecha: ¿Cómo hemos llegado a esto?
No tengo la menor duda de que un Gobierno que no ofrece ni siquiera las mínimas garantías individuales a sus ciudadanos es un Gobierno fallido. Entiendo, pero no comparto, que declarar la guerra al narco fue la única alternativa que encontró Calderón en su desaforada búsqueda de legitimar su condición presidencial. Una decisión negra. Sin duda. Una decisión equivocada desde cualquier arista de análisis. Calderón llegó a la presidencia con la mitad del país en su contra, después de un proceso electoral plagado de anomalías y, en ese entonces, con una oposición definida y fuerte. Calderón llegó al poder sin causas, renqueante, sin propósitos de estado, sin idea política y sin plataforma de despegue. Algo tenía que hacer. Y lo hizo. A los cuatro vientos. Lo hizo. Declaro a boca.abierta la guerra contra el narco. Buscó legitimarse con esa bandera. Los resultados [sus resultados]: más de 28 mil muertos en cuatro años.
Veintiocho mil.
Muertos.
Niños muertos.
Mujeres muertas.
Adolescentes muertos.
Hombres muertos.
Veintiocho mil.
Habría que aclarar que dicha guerra no atacó [ni ataca] la raíz del problema: ir en busca de los de los productores, manufactureros, lavado de dinero, etcétera; sino sólo las ramas: desplegar e instaurar al ejército en las calles de de varias ciudades mexicanas, agarrarse a balazos.
Sin embargo, obviamente, esta desventura no es sólo causa y competencia de Calderón y su gabinete. Existen otra serie de inferencias que sazonan el caldo donde se cuece la guerra contra el narco. En primerísimo lugar la televisión donde se fomentan explícitamente conductas sociales como la discriminación, el machismo, la xenofobia, el complejo de raza, la violencia sexual; la televisión que construye modelos éticos y estéticos, pseudo.líderes de opinión, pseudo.líderes morales, pseudo.artistas; después la educación pública lastimada, empobrecida, derrengada; y la educación privada empeñada en fomentar el modelo neoliberal; y los miserables sueldos en el aparato burocrático; y las relaciones obrero-patronales abusivas, ventajosas; los presupuestos inverosímiles otorgados a los partidos políticos, a los diputados, senadores, gobernadores, presidentes municipales; los altos índices de personas con apenas la primaria terminada, o la secundaria, o los primeros semestres de bachilleres; la pésima distribución de la riqueza; la paulatina pero sistemática desaparición de la clase media; los altísimos índices de pobreza y sus estragos en la urdimbre social; el abuso de poder; los compadrazgos, nepotismos, amiguismos, palancas, el cheque por debajo del agua, la camiseta, la torta, la despensa, la botella de Buchanan’s para mi gran amigo el Comandante; la corrupción como idiosincrasia, en todos los ámbitos y en todos los niveles; la extorsión; la explotación; la tergiversación de las noticias en los noticiarios, la omisión de datos, la información sesgada, tendenciosa, desleal.
En esta realidad social el narco ha encontrado cobijo, arropo y clandestinidad, se ha integrado: El narco y toda su complejidad interactuando en esta otra complejidad que es la realidad mexicana.
Ante la falta de empleo el narco ofrece empleo; ante la falta de justicia el narco ofrece justicia; ante la falta de oportunidades el narco ofrece oportunidades, ciertamente inmediatas y apetecibles [la promesa de pasar de un brinco de la pobreza a la riqueza, del hambre a la abundancia, de una condición anodina al prestigio, del anonimato al poder], pero falaces.
El narco compra policías, vende drogas, compra armas, vende gobernadores, compra diputados, familias, ranchos, aviones, barcos, submarinos. El narco ha construido un imaginario real o un real imaginario donde se autodenomina indestructible, poderoso y, lo peor, ejemplar. A tal grado que hoy muchos niños juegan a ser sicarios, muchos jóvenes aspiran a la fama, y el narco la da; porque ser narco es ser duro, macho, chingón, el que todo puede, el que no se acobarda, al que la vida le importa un pito y se emborracha y se mete hasta los dedos y aguanta y no cae. No se rinde. No se raja.
Lo narco como causa.
Lo narco como valor.
Ser mexicano. Ser patriota. Ser narco.
Pegar de gritos el 16 de septiembre y exaltar el espíritu bravo e independentista convencidos de que ser mexicano es eso, precisamente, exactamente. No lo otro. No el pensamiento crítico. No la búsqueda de justicia. No el análisis. No la solidaridad. No la opinión.
El narco construye toda una apología sobre las virtudes de los nuevos héroes, invitando a los jóvenes a participar pese a saber que dentro del negocio del narco es difícil vivir más de seis o siete años. Luego la muerte [por otros cárteles o la policía o el ejército o el cártel propio], o la prisión [quizá más violenta, impune, injusta y compleja que la libertad]. Con todo y eso se afilian, ya que la promesa de poder es mejor que nada, y de este lado no hay nada: Ni trabajo, ni bienestar, ni seguridad, ni justicia, ni credibilidad, ni techo, ni pan. De este lado hay miseria y corrupción. Impunidad. Ejecuciones. Dolor. Abuso. Miedo.
Agrego a este caldo lamentable un ingrediente más: esta suerte de normalización de la violencia tanto en las instituciones como en la sociedad civil.
Me explico: Debido a la cantidad de muertes, las desquiciantes atrocidades cometidas por los cárteles, los cientos de escenas violentas trasmitidas por televisión, la cantidad de notas, cifras, números, noticias, masacres, decapitaciones, secuestros, levantamientos, enterramientos, tiros de gracia, etcétera, se ha creado en el individuo de a píe una especie de pensamiento lógico donde, partiendo de que la realidad está infectada con el narco, la violencia parece normal, la muerte con violencia parece normal, como fumarse un cigarrillo, o ir al baño, o dar de merendar a los niños. Temas y nombres como los Beltrán Leyva, las Cuerno de chivo, La Familia, el Cártel del Golfo, los sicarios, el Cártel de Juárez, las decapitaciones, Los Negros, el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Tijuana, Los Zetas, los escuchamos en nuestro cotidiano cada vez con más naturalidad. Cierto es que si nuestro cerebro no utilizara este sistema de defensa, viviríamos en el horror inmediato, constante, y hasta la locura. Aún así, el último informe de la OMS respecto a la realidad mexicana manifiesta un incremento del 20% de casos que asisten al psicólogo por terror social.
Por parte de las instituciones, en cambio, la normalización de la violencia responde a intereses más oscuros. El Gobierno de Calderón se empeña, hasta el extremo de lo patético o de lo impío, en dar una imagen de fuerza y consistencia, de bienestar; y sobre todo, de difundir un mensaje triunfalista donde ésta, su guerra contra el narco, ha valido pena. Las cifras, sin embargo, dicen lo contrario: veintiocho mil muertos.
Repito: veintiocho mil.
Lo cierto es que hoy México está considerado por la comunidad internacional uno de los primeros países mas violentos y peligrosos del planeta y el más impune: 95% de los casos sin investigación y sin castigo.
Repito: 95% de los casos sin investigación y sin castigo.
¿Y las viudas? ¿Y los huérfanos? ¿Y las madres? ¿Qué condiciones psicológicas, emotivas y sociales generan estas pérdidas? ¿Cuál es el radio traumático y oscuro que genera un muerto, un ejecutado, un acribillado? ¿Por cuánto hay que multiplicar el número de víctimas para obtener el número de afectados? Por tres, es decir ochenta y cuatro mil; por cinco, es decir ciento cuarenta mil. ¿Cómo repercute socialmente este triste nuevo colectivo social llamado: familiares de las víctimas? ¿Y el Estado? ¿Ofrece atención psicológica, programas de reinserción social, orientación legal, jurisprudencia? ¿Ofrece justicia? ¿Cumple con su deber? ¿Qué hace el Estado para atenderlos? Esta última es la única pregunta que desgraciadamente soy capaz de responder: nada.
A pesar de todo, sobre esta realidad devastadora sobrevuela en mí una idea más limpia: México. Con todos sus significados y desde todas sus aristas. Aquel México nuestro, el de antes, el real. Aquel México indígena, mestizo y criollo, de mujeres fuertes, de latidos, de colibríes que aún se atreven a cruzar su cielo. Aquel México de güeras y morenas y coloradas y cenizas y prietas. La esencia de México descansando en las banquetas de sus ciudades y en los tejados de sus pueblos; en las montañas lacandonas donde es fácil perder la mirada y el aliento; en el desierto de Sonora de antes, no el cementerio de ahora; en el descanso migratorio de las ballenas del pacífico; en Teotihuacan y Mitla y Palenque; en el rito festivo del Día de Muertos, no en los muertos de ahora; en los globeros que llenan de colores el bosque de Chapultepec los domingos; en los muros de sus universidades. La esencia de México en los tacos de canasta, la machaca, el chileatole, la carne de puerco con verdolagas; en sus cantinas y sus mercados; en los corridos de José Alfredo donde la vida se entregaba por amor, no por poder como ahora; en su música hispánica, prehispánica, folclórica, étnica, contemporánea; en cientos y cientos de figuras que han dicho de México con su obra, Paz, Rulfo, Villaurrutia, Chumacero, Monsivais, Sabines, Reyes; o Remedios Varo, Frida, Diego, Orozco, Rivera, Siqueiros; o Tin Tan, Cantinflas, el Indio Fernández, Lupita Tovar, Agustín Lara, Pedro Infante; o Iñárritu, Arriaga, Reigadas, Ripstein; o Lila Downs, Café Tacvba, Alex Lora, el Buki, Chavela Vargas, Guillermo Velázquez. Pero sobre todo, la esencia de México en las manos de la señora que vende tamales en la esquina de Rafael Rebollar y Benjamín Franklin; en los pasos de los maestros rurales que caminan monte.arriba para enseñar a los niños de México a leer, escribir y entender el mundo; en las mujeres de todas las clases que se revelan ante el machismos y la discriminación; en los gays y lesbianas que levantan la cara sin vergüenza; en la Chaparrita luchona que mantiene su puesto de quesadillas en la Candelaria; en los dedos del mariachi que toca el tololoche en la Plaza Garibaldi o en el zócalo de Cuernavaca. La esencia de México en el Norte, el Bajío, el Altiplano, las Huastecas, el Sureste; aquel México nuestro de son, de rock, de cumbia, de blues, de trova, de pop, de huapango, de rancheras y rancheros y petates y chicharras y jumiles y chinicuiles y nixtamal y quexquémetl. Aquel México que nos forma, nos crea y, por lo tanto, nos define.
No el terror, ni las balas, ni la cocaína, ni las cuerno de chivo. No los tigres siberianos. No el machismo disfrazado de patriotismo. No la intolerancia disfrazada de patriotismo. No la falsa identidad disfrazada de patriotismo. Aquel México real, que cura, que da la mano. No este México que duele.

Publicado en El Viejo Topo. España y Nuestra Aparente Rendición. España.


diciembre 31, 2010

III

abro los ojos
y la noche sigue siendo noche
pongo tus besos donde pongo la lluvia que esta madrugada me ha despertado con sus sollozos

tú duermes
respiras y duermes
te sintonizas con la lluvia.sin.alba
lluvia.oscura

metidos en el silencio
cubiertos por la noche, por el ruido de la lluvia que afuera llora sobre nuestras flores
y por tu respiración pausada
cansada

busco tu piel con mis dedos
entre.sueños
mitad aquí mitad en el mito que he construido de mí

te toco
te siento respirar

giro la cabeza sobre la almohada
dibujo tu perfil sobre lo negro
la nariz
el borde de tus labios

pienso en mis hijos que serán los tuyos
y en tus pezones
breves
goteando bajo la sábana

no hay luz
solo hay noche
y el ruido de la lluvia que riega nuestras plantas afuera

acerco mi boca hasta donde intuyo tu corazón
y te cuento secretos de nuestros hijos
y otros secretos que tienen que ver con tus manos y con el lenguaje de tu cabello

la lluvia se disuelve en la tierra de nuestras macetas
afuera
borra las cosas
lava pétalos oscurecidos
desdibuja las formas del mundo con sus gotas y su noche
terca
señida

busco el techo de la habitación con la mirada pero solo hay noche
y tu respiración disuelta en la lluvia
acompasando a los diminutos silencios que se posan en mis labios cuando hablo

sujeto a tus suspiros cierro los ojos
y la noche sigue siendo noche.


noviembre 10, 2010

los detractores de la piel se rasgan las vestiduras
el panfleto de dios no es más que cochino.orgullo

célibe tiene que ser quien muera de fe
mancebo aún para que en la ceremonia permanezca estoico
impoluto de las ingles
prócer
no lacayo

así
llegará el hombre aquel
enviado de dios
a practicar sus onanismos en tus carnes de elegido
y
filántropo.licántropo
elevará sus plegarias para regalarte su cochino.cielo.