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Mostrando entradas de octubre, 2009

Gotas.de.mercurio [8]

Todo se derrumbó allá afuera, Dorina.
Qué bueno que no estás en esta vigilia porque hace un momento toda la realidad se vino abajo. Sin remedio. Sin sentido. Lo único que permanece ahora es esta habitación con nosotros dentro, a salvo, aislados del mundo en ruinas, metidos en esta burbuja que orbita en torno a un sol que se demora, que se niega a calentar nuestros desesperados huesos. Si intentásemos salir moriríamos perdidos en la nada. Eso me lo enseñaste tú, ¿recuerdas? Hace meses. Aquel día en que nos colamos clandestinamente a tu habitación y después de muchas horas de besos quise salir a darle la cara al mundo. «No salgas, profesor», dijiste, «mientras hacíamos el amor el mundo se fue al carajo y, ahora, allá afuera no hay nada».
Detuve mis pasos.
Hice caso a tus manos que ya me tocaban las piernas, la base de la espalda; ya me guiaban a tu costado tibio. Me tiré a tu lado y me dejé envolver por tu cuerpo montoncito de tierra caliente. Me dejé ahí, como quien deja un pan sobre la m…
DISERTACIONES SOBRE LOS GLOBOS AEROSTÁTICOS DE PAPEL DE CHINA.
III] En su centro, los globos aerostáticos acunan al crepúsculo y al alba. Están emparentados con la noche, pero no con su nocturnidad.



DISERTACIONES SOBRE LOS GLOBOS AEROSTÁTICOS DE PAPEL DE CHINA.
II] Los globos aerostáticos son femeninos: la lumbre que llevan dentro crea su liviandad, su levedad, su ingravidez.



DISERTACIONES SOBRE LOS GLOBOS AEROSTÁTICOS DE PAPEL DE CHINA:
I] Los globos aerostáticos son superiores a los hombres,
porque vuelan.



gotas.de.mercurio [7]

Hace un momento sonó tu teléfono celular y no supe qué hacer, Dorina. Súbitamente una ráfaga de miedo se coló en mí junto con la cancioncita que elegiste como tono de llamada. Busqué apresuradamente el aparato sobre el buró y oprimí botones al azar con mis dedos temblorosos hasta silenciarlo. Quería evitar que aquella cancioncita dulzona te expulsara del sueño justo donde ahora habitas. Con el teléfono en las manos caminé hacia ti, te vi sentir en el cuerpo el peso de la realidad, la certeza de la vigilia. Quise arrullarte, Dorina; recogerte en mis brazos y cantarte canciones que hablaran de soles y de cielos y de vuelos y de vientos. Puse una caricia en tus gestos y te cobijé otra vez,
como un padre arrepentido,
como un amante,
como un jaguar.
Nuevamente algo dijiste desde aquella realidad que es tu sueño y otra vez las palabras aquí terminaron siendo piedritas rodando por el borde de tus labios. Intenté recogerlas con mis labios mientras te besaba. Intenté probarlas, saberlas ciertas, c…