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Mostrando entradas de 2008

Funerales Fragoso [fragmento]

El destino de Liborio Garmendía se torció para siempre la madrugada del Sábado de Gloria de una Semana Santa. Él y su esposa, Etelvina Fragoso, habían ido a cenar a la verbena que cada año se organizaba en el pueblo. Desde que salieron de casa, Etelvina, encantada con el olor de las fritangas, sintió el ansia en la boca de su prominente estómago. «Me lo quisiera tragar todo», se confesó a sí misma, y comenzó con tres tamales de hollejo y un atole de cacahuate que compró en el primer puesto. Siguió con dos tostadas de pata, un pozole, una birria y cinco tacos de longaniza mientras caminaban por la calle principal rumbo a los portales.

El ambiente estaba lleno de gente apretujada, puestos de comida y la música de la banda de viento. Al llegar a la esquina de la plaza encontraron el cielo adornado con tiras de papel de colores vivos; la iglesia también estaba adornada con crisantemos y carteles con la palabra de Dios. La pareja se dirigió al templo y, antes de entrar a confesar sus pecado…
hay un indio con lágrimas en los ojos dentro de mis ojos
esbelto y ocre como danza de cielos o de soles
secular y latente como las flores con que a mis muertos venero
subrepticio
siempre oculto bajo mi piel

y me faltan labios para tantos sus besos
me faltan signos para tantos sus credos

hay un indio que se suelta en mis madrugadas
cuando la noche se desabotona la blusa y enseña su luna como si enseñara un pecho
una mancha de jaguar
una gota de tinta.china

indio huasteco que dice lo que digo
atardeciendo mis palabras cuando hablo
lloviznando mis rincones cuando lloro

y no me alcanzan los párpados para tenerlo
no me bastan los versos para nombrarlo

detrás de mis palabras sus pupilas
detrás de sus pupilas los montes
detrás de los montes un valle
en mitad del valle él
con un árbol naciendo de su palma.



Unas por otras [fragmento]

Yo pensaba que esas pendejadas de Dios eran eso mismamente, puras pendejadas. Pero desde que se me comenzó a pudrir la pierna tuve que agarrarme a veinte uñas al manto sagrado de la Virgen de la Buenaventura. De no haber sido por eso, de seguro ya tendría podrido todo el cuerpo. Suerte que ella con sus ojitos retechulos me cuidó tarde a tarde la pierna que poco a poco se me fue poniendo renegrida; si hasta parece que me sobaba quedito con sus manitas santas.

Y todo por el pendejo del Clodomiro Vargas que me pegó un tiro en la pata derecha. Él dice que porque estaba robándome sus vacas, pero yo para qué iba a querer sus pinches vacas si están reflacas, las méndigas. Además, yo tengo mi Cliopatra; esa sí que está rechula, la canija. Todos los días nos da un chingo de litros de leche blanca y fresquita fresquita. El nombre se lo puso mi hija la menor. Ella, como sí fue a la escuela, pues le puso ese nombre, quesque porque fue una mujer de quién sabe dónde chingados que se bañaba con lech…

sobre mi memoria que es piel y sombra

Imagen
los armadillos son radiantes
tímidos
misteriosos
inalcanzables

los armadillos son de allá
del otro lado del océano

endémicos
filósofos
constructores de mitos

los armadillos son los culpables de las nubes
ellos las crean con la intención de enamorar libélulas

para ser armadillo primero hay que ser tierra
después de ser armadillo se es agua
porque los armadillos son
lodo

nadie conoce el verdadero talento de los armadillos
son lo que son
en otros tiempos fueron gaznate
latido
niebla
guateque
otredad
insurgencia
miel
verso

los armadillos son los seres más hermosos del mundo
sobre todo ese que duerme acurrucado en tu ombligo.



Cartas de amor de un hombre solo [fragmento]

Ciudad de México, Distrito Federal.
Marzo 19 de 1970.

Señorita Silvia Torres.
Antes que nada permítame presentarme, mi nombre es Rodolfo Saldivar I. Saldivar, soy vecino suyo, vivo en el edificio C, departamento 201, de la misma unidad habitacional donde usted vive.
Acaso se preguntará el motivo por el cual un desconocido se toma el atrevimiento de perturbar su tiempo con estas líneas furtivas; pues a continuación explicaré a detalle la situación, e intentaré despejar sus incógnitas recién nacidas.

El motivo de esta carta, señorita Silvia, nació una tarde del otoño pasado, cuando por vez primera mis ojos sexagenarios pero aún llenos de vida encontraron por un azar que no busco comprender, su cuerpo flotando de un lado a otro del patio de la unidad que cohabitamos. He de confesar que desde entonces quedé prendado de usted, irremediablemente. Fue un momento fugaz e irrepetible, señorita, un viento suave sopló en derredor de usted alborotando su cabello rubio y levantando impertinentemente su…

Morir matando [fragmento]

A ese cabrón yo lo maté. Lo maté con mis propias manos, o mejor dicho, con mis propias botas. Le metí un chingadazo al hijueputa y, luego, en el suelo, lo aplasté como quien aplasta a un pinche insecto. Y es que eso es lo que era: un pinche insecto. Pero sobre todo lo maté por torcerme la pinche vida, porque de alguna manera él también me mató a mí.

Yo no quería matarlo.
Pero la situación estaba ya muy revuelta y no me quedó de otra más que aplastarle la cabeza. Todavía me acuerdo de sus chillidos agudos, horribles, como si le estuviera quitando la vida. Y eso mero hacía: le quitaba la vida. Le puse la bota en la cabeza y se la aplasté hasta que escuché cómo su cráneo lleno de bolas crujió como cazuela de barro.
La Sonia se había quedado metida entre las sábanas, escondiendo la cabeza para no verlo. En cuanto encendimos la luz y lo miramos, se acurrucó en las cobijas y desde ahí debajo me dijo:
—Mátalo, Ufrosino. Mátalo.
Y a mí nomás de recordar sus putas patas peludas en mi espalda se me …

retrato en lisboa

Imagen
fotografía: paula laverde

Bigotito de galán de los años 50´s

Soñé que estaba en un restaurante chino. De esos donde venden arroz.tres.delicias, rollitos.primavera y tienen los asientos forrados con vinil rojo. Sentado en uno de aquellos sillones, abrazaba a la mujer que amo mientras mirábamos una película en blanco y negro del Tin Ta.

La película era proyectada sobre una cascada instalada al fondo del local. En la poza del pie de la cortina de agua nadaba tranquila una mamá.pato con sus tres patitos siguién-dola en fila.india. La cascada media por lo menos dos metros por cada lado y la proyección sobre el agua daba a la película un toqué extremadamente realista.
En el filme actuaban también Cantinflas y Mauricio Garcés. La trama consistía en que los tres cómicos intentaban deshacerse del cadáver de una viejita que inesperadamente se les había muerto en el baño de su departamento, mientras orinaba.
De pronto, dentro de la película aparecía yo. Yo mismo. Vestido
de riguroso smoking
sombrero negro de ala corta
bigotito de galán de los años 50´s
cigarrill…

Amar a Mar [fragmento]

Para Mar.

Paz en la mar a las olas de buena voluntad.
Vicente Huidobro


El día en que Paolo Ardengo decidió quitarse la vida fue un lunes a mediados de junio. No era el día de su cumpleaños, no cerraba ningún ciclo con nadie, no festejaba nada, no recordaba nada especial. Era simplemente un lunes común y corriente, ordinario, insípido como todos los lunes. Un lunes que podría haber sido jueves o domingo.
Pero no.
Era lunes.
Un afortunado lunes, y eso, precisamente, enderezó su destino.

Paolo Ardengo había despertado arrastrando del sueño a la vigilia la misma tristeza de hacía meses. Había estado mirado el techo blanco de su habitación dejando que los minutos largos y bajos pasaran delante de sus ojos. Había estado escuchando sus latidos, contando sus latidos como quien cuenta ovejas. Había deseado estar solo. Solo y el sabor a alquitrán de su boca; solo y la flor de sal de sus recuerdos que se desmoronaba mientras miraba el techo blanco, inmóvil.
Inmóvil el techo.
Inmóvil él.
Paolo Ardengo se l…

Sonata número 13 para clarinete [fragmento]

Para Daverio Miasnikoff
por las nostalgias compartidas.

Para la mujer que me enseñó a bailar.

Cuando don José Alfredo Sarquís percibió que estaba perdiendo el oído no lloró ni se lo dijo a nadie; ni siquiera a doña Consuelo Zendrera, su mujer, ni a Néstor, su mejor amigo, ni a Daverio Miasnikoff sino que, por el contrario, continuó tocando el clarinete en la Orquesta Filarmónica Nacional de la Ciudad de México como desde hacía ya cuarenta y cinco años, porque el clarinete no sólo era su devoción, sino su vida misma.



Don José Alfredo Sarquís era un hombre más bien solitario que tenía un andar parsimonioso y una despacés al hablar que a veces terminaba por desesperar a sus interlocutores. «Habla más aprisa, Fredo», le había dicho su mujer miles de veces, «¿No te das cuenta que aburres a la gente?»; a lo que don José Alfredo respondía igual de quedo que siempre: «Si la gente no tiene tiempo ni siquiera para escuchar, entonces es gente que no merece la pena», y cruzaba los brazos desnudos, po…

Llovizna [fragmento]

El lunes don Bardomiano despertó más temprano que de costumbre, calentó agua a leña y tomó un baño tibio a las cinco treinta. Había pasado la noche en vela escuchando el rumor de la llovizna rebotando en las tejas mezclado con los rezos apretados de su mujer, doña Aquilea. Ella, acostumbrada a madrugar desde hacía más de cincuenta años, se levantó después que él y le preparó la ropa en silencio.

Tendió la cama de tablas, encendió otra veladora a la Guadalupana y continuó con el rezo. Cuando cantaron los gallos don Bardomiano ya estaba afeitándose a navaja la barba encanecida frente al trozo de espejo que tenía colgado en un puntal del tejabán del patio, a un lado de la pila de agua. La mañana estaba igual de triste que ellos, el cielo era una misma cosa plomiza que lloraba y lloraba tercamente. Don Bardomiano fue al cuarto y se vistió sin ánimo, sintiendo que en cualquier momento se le iba a salir la pena por los ojos. Cuando entró al cuartito de la cocina, iluminado a penas por un par…
de ahora en adelante dormiré con un revolver bajo la almohada
por si a la madrugada se le ocurre entrar a tentarme
a ungirme con su olor de sombras
elegiré la mesa del rincón en las cantinas para no perder de vista al cantinero
ni a las muchachas que bailan desnudas
ni a los borrachos con los ojos inyectados
ni a los alacranes que salen de las rendijas

cruzaré los dedos cuando lance los dados
cuando te bese hondo con los ojos cerrados
cuando cuelgue el auricular después de charlar con el filo de los cuchillos

a partir de hoy mi mano izquierda contará mentiras a mi mano derecha
lanzaré escupitajos a los peter.panes que en las noches saltan por los tejados
y miraré de frente a guillermo.tell antes de atravesar con un aliento la manzana en su cabeza

sin osadía
sin remordimiento
meramente jugando desnudaré a las adanas
y negaré muchas veces a los evos
lúdico
continuaré matando hormigas con el índice como un niño.dios
y a golpe de mastercard compraré un pedazo del universo para enterrar mis penas
y las almas …
Imagen
frente a ti soy un árbol
tengo sentido
existo

frente a ti soy un pez un girasol
la hebra del zarape negro con que la noche cobija el cielo
el cielo con que la tierra se protege de otros astros ajenos
los astros y sus ecuaciones del universo que frente a ti tienen razón en mí

he aprendido a cavar agujeros en mis manos
a prometer cielos y salivas
a cosechar todos los besos que maduran en tus labios
a robarle caricias a los gatos y ponerlas en tus muslos de agua que cura sedes justas
porque frente a ti puedo cambiar el sentido de las cosas tan sólo con el verbo:
«yerba» le digo a las calles y súbitamente reverdecen
«sangre» ordeno a las palomas y tiñen de rojo sus alas y sus vuelos
«agua» invoco en mi habitación y me veo en alta.mar navegando en mi cama siguiendo la estela de tus pies de las doce y diez

frente a ti me hago silencio y el escándalo del alcohol deja de torturarme las orejas y las encías
soy salvaje
una bestia
américa india de pezón prieto

frente a ti soy un gorila
un hombre de las cavernas
ant…
mis ideas son un revoltijo de palomas amotinadas sobre un puño de alpiste
mis sentires, el alpiste
yo, la calle donde se amotinan las palomas

mis ideas son una horda de perros que se pelan los dientes y se erizan luchando por montar a una perra en celo
mis sentires, la perra en celo
yo, la calle llena de perros

mis ideas son el aguacero que irrumpe de unas nubes bastas y encharca los montes y los muelles y las ciudades
mis sentires, los charcos
yo, la calle mojada

mis ideas son las palabras de los locos, los gritos de los necios, la culpa de los infieles, el dolor de los asesinos
mis sentires, los locos, los necios, los infieles, los asesinos
yo, la calle llena de enfermos

mis ideas son los agujeros que dejaron las balas en el paredón donde fusilaron a un hombre
mis sentires, el paredón
yo, la calle donde fusilaron a ese hombre

mis ideas son las estrellas
mis sentires, la mano que intenta tocarlas
yo, esta calle desde donde no se ven las estrellas

mis ideas, los postes
mis sentires, los cables
yo, la cal…
tú y yo tenemos restos indios en la sangre
rasgos de tierra en las venas
rastros aztecas en la piel

tú y yo mujer.que.ve
estamos atados al ombligo de la misma luna

no hay tiempo entre nosotros
no hay mar
no hay dunas
ni cal en los párpados bastardos de nuestras lejanías
ni lenguajes extraños como telarañas enredadas en la lengua
ni trasatlánticos navegantes juicios.judeos

porque tú y yo mujer.que.cree.y.que.crea
estamos unidos al mismo humo
a la misma siembra
a la misma cuna

en nuestros labios late la misma selva
el mismo cactus
en nuestros dedos hierven los mismos vicios
en nuestras uñas laten las mismas muertes
y tenemos en nuestras manos la misma cicatriz de los años.



un montón de adoloridos huesos
un manojo de nervios y músculos envueltos con jirones de piel y pelo
carne
uñas
cartílagos
líquidos que suben y bajan
que entran y salen
que bullen
que hierven
que estallan

un amasijo de dudosos sesos que no cesan
que no ceden
impulsos.eléctricos―pulsiones.cardiacas
enviones bioquímicos que responden a estímulos externos
instintos
esfínteres
fibras que se desechan
sustancias que circulan

un caudal de fluidos que me tensan o me ralentizan
un buche de secreciones que me relajan o me exasperan

igual que un buitre
lo mismo que un manatí
idéntico a un artrópodo

soy eso
no soy más.



Almas llenas de centellas rojas

Imagen
he recorrido las calles a golpe de pasos
a machete
a lengüetazos
conozco la ciudad como los armadillos conocen el monte
como las luciérnagas la oscuridad
estoy emparentado con la noche y su orgasmo lunar
he recibido la redención entre las fieles piernas de una puta cualquiera
anodina
de nombre impronunciable y sin apellidos
sé del dragón.de.comodo porque late aquí:
a un palmo de mi corazón

aún lloro
las lágrimas siguen siendo mi compañía

aún siento
el calor sigue siendo mi destino

he encontrado mi lugar en esta narcótica ciudad de olvidos
aquí
nada puede dañarme
nadie puede mentirme.



las luciérnagas hablan
dicen cosas estrechas pero infinitas
son consecuencia de la luz
citrinas
amatistas
bioluminiscentes

cuando las luciérnagas discuten relumbran
extienden sus voces de luz e iluminan la noche
porque sólo de noche son

las luciérnagas mienten
pero sus mentiras nos cobijan
nos consuelan
te dicen por ejemplo que el crepúsculo está en tus ojos
que el horizonte descansa en tus perfiles
o que algún día abrirás tus alas y tacharás el cielo abierto con la estela de tu vuelo

las luciérnagas son sonido y luz
arquetipos de la calma
el agujero por donde atisba
xiuhtecuhtli
huehuetéotl

las luciérnagas también son de allá
del otro lado del océano
pero algunas noches como aquella
vienen a iluminar la base de tu espalda
a entibiar tus pies a soplidos y a pervertirte con sus palabras
mientras

desnuda
te tensas
te ablandas
me miras.



aída necesita el trozo de tierra que le han quitado

aída atada del alma a esta gente que no es la suya
desnuda
sola
temblando

aída mirando gárgolas en vez de jaguares
despedazando noches
sin su cachito de selva
sin su sol

esculpida en barro extraña el barro
separada de su ombligo
mirando siempre al horizonte
tratando de tocarlo con los dedos.



no amo
el amor es un cortometraje mediocre
editado a prisa sin semilla
anoréxico como los dedos
de las niñas
de la televisión

no busco
me he sentado en este lugar oscuro y tibio
donde la paz viene de cualquier piel desconocida y mustia

las mujeres de mi vida huyeron con los hombres de su vida
y amanecí otra vez entre el cemento y el polen de esta orfandad donde siempre es noviembre

no lloro
he aprendido a cambiar lágrimas por besos
llanto por jadeos
tristeza por mentiras
he aprendido que entre el polvo eléctrico
siempre hay unas piernas que te salvan
una lengua que te lava
unas manos que te levantan
unos labios nuevos que te llevan al estado gaseoso
donde no hay amor sin duelo
ni indulgencia
ni calamidad
ni mito
ni frío.



estamos acostumbrados a otras cosas más hambrientas
más pegadas a los poros
a las piedras
más untadas a la piel del corazón de aquellos pájaros que incendian la noche con su vuelo de fuego
origen del ardor indígena de las mujeres del monte
madres de puñados de maíz
dadoras de nuestro nombre
herederas de la sangre
la mirada
y esta necesidad de frijoles con chile.seco

estamos acostumbrados a los golpes
a manotear para no morirnos ahogados
a desclavarnos las espinas de tantas conquistas ponzoñosas
revivir dioses
mantener mitos como ballenas que tiñen de azul los océanos con su canto de animales.vivos

estamos acostumbrados a otras humedades
melodías
resabios
otros mares más violentos
más necesitados

es nuestra costumbre tumbarnos panza.al.cielo
y nombrar los astros con nombres de animales
acomodar estrellas a nuestro antojo y hacer que el firmamento gire

es nuestra costumbre hacer llover
elevar cantos
seducir nubes

arrancar su pálpito de agua hasta dejar caer sus gotas sobre nuestra
tierra de tierra
cerrar los …
eres de cera
yo esculpí tu cuerpo y te sequé a soplidos
por ojos te di dos semillas de maíz y por boca un hueco que da al alma

eres de cera
con paciencia
amor
sangre fui acariciando tus contornos
puse en tu pecho al águila
y un trozo de piel de jaguar en tu sexo

desde entonces te he cuidado
ser de cera
te he hablado con la esperanza de que algún jueves dejes caer los helechos que te puse como párpados

he tratado de darte voz
he intentado mutarte vida
te he ungido con mis lágrimas para que te reviente el pecho a latidos
para que tus dedos se hiervan de serpientes
y se te llene de pájaros la boca

te he creado
ser de cera

mal.hijo
mío.



recordaré los báculos caídos
el derrumbe de mis superhéroes
seré nuevamente agazapado de olvido:
ojos necesitados que atisban dentro de un amén
volverá la venganza convertida en hierro con sus estúpidas historias de niño.ciego
y recordaré la fuga
el precipicio
el instante de mi muerte entre los besos vaporosos del alcohol

no habrá entonces calles donde recoger semillas
ni cantos de aguacero
ni junios con poesía
ni lentejuelas de arcángeles afeminados
ni éxodos del viento
ni agua de mares y alcantarillas
ni la pequeña luna
que mojabas
cada noche
entre tus piernas
sólo seré yo.sin.yo
como antes:
ebrio de recordar mi futuro
harto de desconocer mi pasado

intentaré
sin embargo
dejarme caer
usar mis ojos de cuervo para mirar el mundo mientras caigo
ser comezón
sal
melancolía
y tres.veces.tres.azul
bajo
este
cielo
violeta.



Atemporal [fragmento]

Para Elisa.

Salgo a la calle con la intención de ocultarme entre la multitud que infesta a Barcelona este verano escandaloso. Aquí, entre las manadas de gentes que van y vienen, soy desconocido, anónimo, una persona más que camina entre la masa sin dirección y sin tiempo. Las multitudes tiene esa particularidad: te ocultan, te hacen invisible, te hacen valiente. Y valor es lo que ahora necesito porque la noticia que recibí me ha dejado sucio por dentro, como si hubiera bebido litros y litros de lodo.

Hace apenas unos minutos sonó el teléfono de casa. Malas noticias. Lo sabía. Si tu teléfono suena a las seis de la mañana de un domingo solamente puede ser para dar malas noticias. Y mi teléfono sonó a la una del mediodía de aquí, de Barcelona; pero la una del mediodía de aquí, son las seis de la mañana de allá, de México. Puta conclusión. Puto tiempo. Pero es así, mientras aquí las calles ya están reventando de turistas, allá apenas despierta el día; y despierta con malas noticias.

Mientras…

Papalotes y Elefantes

Soñé que despertaba.
Me encontraba en una habitación ajena y, sin embargo, conocida. Un haz de luz se colaba por la pequeña ventana. Dentro del brazo de luz gravitaba una colmena de motas de polvo. Las blanquísimas briznas se movían lentas, iban y venían como un banco de sardinas. Sentado en la orilla de la cama intentaba reconocer la habitación:
junto a la ventana había un descascarado casillero color granate,
al lado un montón de ropa tirada en el suelo,
al lado un cesto de basura,
al lado un elefante.
Movía la cola y las orejas mientras comía enrollando paja con su trompa y llevándosela a la boca. Estaba ciego. Lo supe porque en lugar de ojos tenía dos cuentecitas de lentejuela azul. Me puse de pie con la necesidad onírica de acariciar a ese animal salvaje y leve. Estaba desnudo y desnudo toqué su cabeza enorme, su frente milenaria, y cuando pasé la mano por sus ojos de lentejuela, sentí que lloraba,
sin derramar ni una lágrima lloraba,
sin ojos lloraba.
Me sentía cómodo en aquel espacio, c…

Frijoles quemados

Soñé que estaba en una habitación con las paredes excesivamente altas. Eran unas paredes de adobe, sin ventanas. Sin embargo, entre el techo de tejas y los muros, había una apertura que hacía de la habitación un espacio iluminado con un chorro de luz anaranjada, cálida. Los muros estaban impresos con bajorrelieves de siluetas de manos abiertas. Miles de manos impresas sobre aquellas enormes paredes de adobe. Al contemplarlas pensé en mis palmas y las miré. Tenía las mismas manos de ahora, incluso estaba anillado con un aro de plata en el mismo dedo: el pulgar derecho. Tomé el anillo ―que extrañamente se rompió por la parte de abajo― y lo abrí como quien abre un aro de alambre. Esta apertura sirvió para ponérmelo en el lóbulo de la oreja izquierda, justo donde tengo dos aros más como pendientes. Los dos aros de la oreja más el aro nuevo sumaban cuatro, no tres. Cuatro aretes de plata que pendían de mi oreja izquierda y destellaban pequeños reflejos de la cálida luz anaranjada que entra…

Hoja de álamo

Soñé que estaba mirando por la ventana de mi departamento, un tercer piso frente a una calle ancha pero poco transitada, en el DF. El departamento tenía enormes ventanales por donde se colaba una luz clara y hermosamente blanca. Era media mañana, lo recuerdo bien. A mis pies, en la calle, rodaban una película. Se podía escuchar el rumor de la gente haciendo cine: las instrucciones del director, los comentarios de los artistas. Un par de actores homosexuales se disponían a entrar en escena.

La secuencia que rodaban trataba de una pareja gay que se separaba por unas semanas. Uno de ellos ―quien se quedaba―, era un tanto ancho de espaldas y llevaba una boina vasca con visera; el otro ―quien se iba―, era más joven que el primero, delgado y afeminado, optimista, se le veía enamorado. Los actores se despidieron con un abrazo sincero y sonriente. Después del abrazo el joven estiró la mano coqueteando, haciendo el gesto de quien pide dinero. Era una broma, un juego entre dos personas que se am…

Tigres

Soñé que estaba en la India, en las montañas de la India, en el Himalaya. Estaba ahí haciendo un viaje iniciático que consistía en acompañar a una pequeña manada de tigres que realizaban su viaje migratorio anual hacia el centro de las montañas. Iba yo acompañado por dos o tres personajes, uno de ellos era mi amigo desde la infancia. Cuando comenzamos el viaje estábamos bastante alejados de los tigres ―tigres dorados, rayados, poderosos―.

Mi atuendo era muy básico, consistía en una manta color ladrillo oscuro atada a la cintura o cruzada por un hombro. Nada más. El paisaje era nebuloso y húmedo pero no hacía frío. Todo estaba mojado pero no llovía. Yo era moreno, prieto. Y el color de mi piel ayudaba a ser un tanto invisible en aquella selva. Conforme fuimos avanzando, día tras día, nos íbamos acercando cada vez más a los tigres ―tigres olfativos, tigres curiosos, desconfiados y magníficos―, y éstos se iban familiarizando con nosotros. Avanzábamos en riguroso silencio. Nadie decía ni u…