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Mostrando entradas de mayo, 2010

Luz de luciérnagas

Alejarte demasiado de aquello que amas es meter la cabeza en un hoyo negro: si no eres capaz de salir de tanto en tanto y dejar que la luz acaricie tus pupilas, empiezas a perder la vista hasta que tus ojos enceguecen y olvidan.
Entonces ya no hay remedio, tu alma se convierte en una criatura fosilizada, en un espíritu colgando del tendedero de un barrio pobre, en una bisagra oxidada que impide que se abran las puertas de otro tiempo.
Yo lo sabía.
Siempre lo supe.
Desde el momento en el que salí de México tuve presente esa sentencia. Antes. Desde el momento en que salí de mi pueblo; incluso más al principio de mi historia, en las pequeñas fugas de mi infancia ya presentía ese resabio amargo que deja la lejanía, esa sombra que ocupa tus pupilas y va creciendo conforme más te alejas.
Yo me encontraba lejos, no sólo lejos de México, sino lejos de mí.

Era febrero y Barcelona se había puesto más triste que cualquier otra ciudad en el mundo. O quizá no, quizá lo que veía en las calles, en los ges…