agosto 31, 2012

gotas.de.mercurio Por Mardonio Carballo


gotas.de.mercurio

Por Mardonio Carballo

A Lydia Cacho.

Hora de hacer una pausa. En el verano de 2011, en Barcelona, conocí a Edson Lechuga, huasteco de Pahuatlán, Puebla; Escritor, con diez años a cuestas fuera de México. Me sorprendió muy gratamente su pluma y su carrera que tiene como base la ciudad catalana, su imaginario campesino me sorprendió. Hace unos días, regresó a México con su nueva novela bajo el brazo. Fui honrado por él con la invitación a presentarlo. El Claustro de Sor Juana, fue la sede de este encuentro el 15 de agosto de 2012.

Voy a hablar de esperanza.

Tender un hilo y caminar sobre él. Tender un puente de saliva entre lo que somos y lo que esperamos con desgano ser. Alimentar un lomo de fuego. De papel.de.china de altos vuelos. Tender un puente de nostalgias desde Barcelona hasta el DF. Dejar la saliva. Dejar correr la tinta. Tender un hilo de tinta y caminar sobre él.
Alimentar el desgano de no ser. Alimentar las ganas de ser. Alimentar al gato. Ronroneo constante. Asma felina. Así el deseo que se acumula en el epidídimo. Irse y no. El gato se parte en dos. Llega la noche y la tos: el hambre y el deseo. Mordiscos de tinta. Huellas de tinta. Pasos de gato negro al caer. Tender un puente de nostalgias desde el DF hasta Pahuatlán. De volada. Desde el cielo una hermosa mañana… una noche, en Coyoacán, en la Guadalupana.

¿De qué nos habla Edson Lechuga? Nos habla de él. De la circunstancia, a veces tan humana de volar. Las gotas de mercurio, son a cuenta gotas un espejo diluido, partículas derretidas de uno mismo. Fragmentos. Granadas que explotan un quince de septiembre en Michoacán.
¿De dónde es uno? Uno es cada lugar del que ha partido, uno es de donde dejó enterrado su ombligo. Uno pertenece a cada lugar donde ha enterrado un amor.
El amor contrariamente al pensamiento popular no es un bien escaso. Es directamente proporcional a las posibilidades de morir. El amor es muerte. El deseo es asesino. El deseo nos reduce a lo que somos, simple carne con fecha de caducidad invisible. El amor está pues, a la vuelta de la esquina. En las putas, en los putos, en los borrachos, en las muchachas y en los "yonkis" en las cantinas, en los salones de belleza. En la fealdad. El amor está en el aire. El amor está en México.
México, nos dice Edson Lechuga es un recuerdo. Hilo de plata con luz de oro. Conejo de cien.pies. Pilkates que se mikin. Muchachas violadas por el Ejército y muchachos que se mikin. O se matan. Pero a México hay que volver, a pesar de todo. A pesar de sus políticos idiotas, a pesar de sus telenovelas insulsas. A pesar de Verónica Castro o Lucerito. A pesar de Pedro Infante... Pero a México hay que volver. Por su ombligo, por sus muertos, por su pasado que come nuestro corazón de cedro cascado. Serpiente al fin habrá que regresar por nuestra piel.
Alimentar el desgano de no ser. Alimentar las ganas de ser. Alimentar al gato. Ronroneo constante. Asma felina. Así el deseo que se acumula en el epidídimo. Irse y no. El gato se parte en dos. Llega la noche y la tos: el hambre y el deseo. Mordiscos de tinta. Huellas de tinta. Pasos de gato negro al caer. Tender un puente de nostalgias desde el DF hasta Pahuatlán. De volada. Desde el cielo una hermosa mañana… una noche en Barcelona, en la Clandestina.
Tender un hilo y poner un vaso de plástico en cada extremo, acercar la oreja y escuchar el latido de un hermano muerto al otro lado del mundo. Pum, pum, pum corazón delator. Pepenador. Pum, pum, pum pepenando. Pum, pum, pum penando.
Una foto:
sobre el océano vuela, sin  rumbo fijo, sin inmutarse, un globo aerostático. Se adivina un él en él. Un sirio gigante alimenta su vuelo. Pareciera que este globo trae un velorio con él. La sal alimenta su labor de soledad. Sobre el globo, sobre el guión que describe, el fotograma de este globo, cae un chorro de tinta: gotas de plata caen al mar y lo envenenan. Un pez vampiro ha muerto. La noche de algas barrunta.

¿De qué nos habla Edson Lechuga? Nos habla de él. De la circunstancia, a veces tan humana de volar. Las gotas de mercurio, son a cuenta gotas un espejo diluido, partículas derretidas de uno mismo. Fragmentos de plata que caen al mar.
Y si no se llamara Edson Lechuga, seguiría escribiendo como Edson Lechuga.
Alguien que se fascina con la llovizna y es capaz de mirar el interior de las luciérnagas no es un hombre libre. Encerrado en partículas diminutas y halos de languidez y luz tiene que escribir para crear su libertad. No hablo de Edson pero sí. No hablo de un escritor pero sí. No hablo de un hombre pero sí. Todo hombre tiene que mirarse a sí mismo para lograr su libertad…, aunque sea para asustarse y decidir no salir más.

Tres veces tres. Tres historias por tres. Tres personajes que se hieren con la punta de su triángulo, círculo inequívoco más invitados. Tres personajes convocados en una cama en dos continentes más invitados.
gotas.de.mercurio de Edson Lechuga y editado por Montesinos y Colofón: próximo estreno en librerías.

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