prefiero la duda a la certeza, lo sutil a lo concreto, la posibilidad al hecho, el mito a la leyenda, la lluvia de otoño al sol de verano, el pecado a la pureza, las cosas pequeñas a las grandes, las diablas a los dioses, la izquierda a la derecha y la literatura a la realidad. viví en barcelona más de una década y ahí aprendí a ser uno de esos otros∙muchos que me habitan∙todos. sé ahora que escribir es escribir∙me y que todo texto es mejor que su autor.
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octubre 29, 2012
octubre 18, 2012
Luz de luciérnagas Edson Lechuga POR DANIEL EMILIO PACHECO
No había caído en cuenta, hasta que leí esta novela,
en lo poco que se ha escrito en forma novelada sobre el terremoto ocurrido en
la ciudad de México, el 19 de septiembre de 1985. Esta novela no solo pasa por
este momento histórico, hace del distrito federal un personaje más de la trama.
Y se refiere a esta ciudad de esta forma:
Porque la ciudad de México no es
madre de nadie.
Ama, es cierto.
Pero
ama con amor de madrastra.
Lo primero que salta a la vista al leer la novela, es
el ritmo poético que utiliza el autor para contar su historia -incluso recurre
en algún momento a marcar por medio de espacios en blanco su escritura en
prosa, una palabra por renglón, para dar énfasis, como se hace en la poesía-,
usando para este fin un lenguaje cuidado, sobrio, sin exageraciones.
La historia que se cuenta es la de Germán Canseco, un
hombre qué, a la distancia, revive parte de su vida en la Ciudad de México. Es
en esencia una novela de amor, de ausencia, de recuerdos, buenos o malos… Pero
recuerdos al fin y al cabo.
La vida de Germán ha sido marcada cuando como
espectador, le toca presenciar la muerte de personas ajenas a él
emocionalmente. Sin embargo la perdida más trascendental para Canseco, la ausencia
más recordada, es la de Alma, su compañera, amiga, novia, amante. Aun a pesar
del tiempo -mas de veinte años-, y la distancia -ahora se encuentra en
Barcelona-, sobre los hombros de Germán pesa la imagen del edificio derrumbado,
donde Alma vivió, de nada han servido los años, la otras oportunidades, los
kilómetros de distancia. Ni siquiera el simbólico funeral, que no enterró el
dolor de la ausencia, ni el recuerdo de la mujer amada.
Edson Lechuga entrega una buena primera novela, sin
miedo a proponer su estilo, y arriesgando con un tema en el que fácilmente se
podría caer en el chantaje emocional hacia el lector; por el contrario, usa
sobriamente el momento escogido para plantear su historia. Los recuerdo y las
evocaciones de cada lector llegaran solas, con las crónicas del momento, con
las reflexiones personales, dándonos cuenta qué, lo que creemos olvidado o
superado, se encuentra aun vivo en nuestra mente.
Mención aparte merece la forma en que entrelaza la
historia que cuenta, con las citas poéticas de José Carlos Becerra, valiéndose
del libro El otoño recorre las islas,
para en ocasiones acompañar los diálogos de los personajes.
De la Edición: portada de acuerdo al tema, impresión
limpia y cuidada. Montesinos supo escoger la novela adecuada para presentar a
un buen escritor.
Lo mejor de ser un buen escritor, es la veracidad con
que se puede contar una historia, sin haber estado allí.
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