agosto 27, 2015

Sobre Anoche me soñé muerta: una obra completamente actual y poderosa. Por Javier Moro


Anoche me soñé muerta es la más reciente novela del escritor mexicano Edson Lechuga (Pahuatlán, 1970), quién toma como punto de referencia su lugar de nacimiento, el pueblo de Pahuatlán en la década de los años treinta del siglo pasado. Un pueblo ubicado originalmente rodeado de una vegetación abundante, que sin embargo, en la novela de Lechuga es azotado por una terrible sequía que cambiará las costumbres y las relaciones sociales de este pueblo le rinde devoción a San Sebastián Mártir y en donde la luz eléctrica ha sido inventada por uno de sus vecinos.
La crisis traída al pueblo por la sequía será el detonador para una serie de conflictos que se habían mantenido latentes, escondidos detrás de una cotidianidad aparente, en la que sin embargo cuestiones políticas y religiosas se habían mantenido ocultas a través de los años, y que ahora verán la luz de una manera explosiva y violenta.
La modernidad, o lo que se entiende por modernidad, ha llegado recientemente a Pahuatlan, sin embargo la vida transcurre de manera apacible, alejada de los conflictos políticos que recientemente han azotado al país. La Revolución es ya un recuerdo y de la guerra cristera solo han llegado algunos rumores hasta la plaza del pueblo.
Pero el desastre se cierne sobre el pueblo y la sequía, se extiende, dura meses, lo que obliga a muchos a huir del pueblo, dejar todo atrás: sus muertos y sus casas, para alejarse de la maldición que se cierne sobre Pahuatlán. ¿Y qué hacer entonces? ¿En quién confiar? ¿A quién pedirle ayuda? ¿Qué se hace ante un desastre que parece bíblico, un desastre que parece un castigo impuesto por alguno de los muchos dioses que pululan en este mundo?
Las deidades indígenas vienen así a ocupar, a exigir su espacio, su presencia, cuando varios de los sobrevivientes del desastre deciden pedirles ayuda a través de Bulmaro, guardián de la sabiduría ancestral, sacerdote de un credo sin fieles, que siempre ha estado ahí, escondido, en las sombras después de la llegada de los españoles que impusieron al Dios cristiano que el pueblo venera a través de la figura de San Sebastián Mártir. Lucha religiosa que se había mantenido oculta a través de la imposición del poder temporal, y que ahora vuelve a surgir ante la desesperación que los habitantes sientan ante la incapacidad de sortear la catástrofe climática.
Por su parte el poder temporal, representado por el alcalde Hipólito Aguamarina solicita ayuda al gobierno central y manda recados al gobierno central, a la capital del estado. Recados que se pierden en los vericuetos y en los laberintos burocráticos mientras en el pueblo los panteones se llenan y los ataúdes empiezan a escasear, por lo que Hipólito decide mandarles el último telegrama con un mensaje que el telegrafista se niega a mandar en un principio:
Insensibles compatriotas, escribe Hipólito, Agarren su puta agua y métansela por el culo. Ya no la necesitamos. Ya estamos muertos. Hipólito Aguamarina.
Mensaje sediento y vengativo que resume el dolor y la rabia que el todo el pueblo está sintiendo por la falta de agua.
Es ahí cuando la gente busca respuesta y ayuda en los conocimientos ancestrales de Bulmaro la respuesta a la sequía y al abandono. Conocimientos heredados y que los indios guardaron de generación en generación, y que solo transmiten a sus allegados, a sus cercanos, para evitar así la persecución y sí la dureza de los castigos de los blancos y de los que los sucedieron en el poder.
Todos estos intentos llevan en sí la dureza de la necesidad, de las lenguas secas, sedientas. Y lo que encuentran son el silencio y la desesperación, en el caso de la autoridad civil, la muerte y la tragedia en el caso de la autoridad eclesiástica, para darse de bruces de que Dios es un desalmado y cruel, como nos dice el padre Everardo en una noche de desolación.
Pero en este desolado lugar que es Pahuatlán aún crece la esperanza, personificada en el joven Diego, enamorado perdidamente de Elena Reina, la joven que quiere entregarle su vida a Dios y a la virgen, protagonista secreta de esta novela que se escurre como agua ante los ojos del lector.
Anoche me soñé muerta es una novela coral, en donde los habitantes del pueblo nos van contando la historia de la tragedia que los consume, una novela en la que vemos y escuchamos esas voces que el tiempo ha guardado para nosotros, para que ahora la pluma de Edson Lechuga las rescate y las traiga hasta nosotros.
Anoche me soñé muerta es una novela coral, que va y viene en el tiempo: el pasado más remoto se acerca hasta los personajes de este pueblo atrapado en el siglo XX para que nosotros lectores del XXI podamos darnos cuenta de lo mucho y de lo poco que hemos cambiado. De lo mucho que tenemos de ese México profundo, que la conquista no pudo destruir y que solo ocultó de la vista, de ese México que pervive en cuervas y caminos, de ese México de rituales de los que todos hemos escuchado hablar a pesar de que se habla de ellos en voz baja y en susurros.
La novela de Edson Lechuga trae hasta nosotros, lectores de este siglo XXI convulso, un México que no se ha ido, un México cristiano, devoto, que busca la solución de los problemas en el más allá, que está ansioso de respuestas y verdades, que muchas veces la realidad que nos rodea nos niega una y otra vez.
Pero la novela de Lechuga también nos recuerda que nuestra realidad política se ha construido desde hace años, desde hace décadas. El abandono al que el gobierno del estado somete a Pahuatlan, para desesperación y congoja del alcalde Hipólito, es el mismo abandono del que podemos ser testigos ahora en muchas regiones de nuestro país, un abandono cruel y ciego, que deja a muchas comunidades abandonadas a su suerte. Por desgracia no todos los alcaldes tienen los pantalones para mandar mensajes tan claros a los poderosos como los de Hipólito.
La novela del escritor mexicano, autor de las novelas Luz de Luciérnagas y Gotas de Mercurio, es una historia dúctil, que va y viene en el tiempo, en el imaginario colectivo, es una historia que se nos cuenta a través de varios personajes, varias voces, desde diferentes ángulos, es una historia maleable como el barro, como la tierra. En Lechuga nos encontramos con un escritor que se preocupa de que el lenguaje sea un elemento central de su obra, pero que no se convierta en el centro de la obra, en el todo. El lenguaje que utiliza Edson Lechuga es un habla que todos podemos reconocer, con palabras que a veces nos suenan a viejo, a palabra que utilizarían nuestro abuelos, un lenguaje perdurable, un lenguaje que se siente y se escucha vivo.
Por otro lado Anoche me soñé muerta, retoma muchos elementos de esa cotidianidad que podríamos pensar perdida en los tiempos: la vida de un pueblo mexicano. Algo que para los tiempos globalizados que corre se podría pensar que a pocos intelectuales pondrían atención. Pero Lechuga rescata esos elementos y los amasa para traernos una obra espiritual, una obra que respeta algunos de los elementos del llamado realismo mágico para combinarlos con los elementos más novedosos de la narrativa contemporánea construir una obra completamente actual y poderosa.


http://noiselab.com/blog/libros-blog/anoche-me-sone-muerta-de-edson-lechuga/

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