noviembre 10, 2016

comala: mancha.textual



comala: mancha.textual
sobre cuento en comala 2016
por edson lechuga


comala es un puño de letras levantando la cabeza para mirar al horizonte.
un hervidero de textos agusanados pero vivos.
un amontonadero de personajes puestos uno encima de otro, hechos manojo, trenzados, anudados en la misteriosa danza de la narración; un par de xoloitzcuintles abrazados y diciéndose cositas al oído; una canasta de muchachas enseñando las piernas; tres pinches oxxos donde la venta de alcohol termina a media noche ―ni un miserable minuto más―; un seductor olor a pan; un trago de tuba; un esqueleto colgando de la pared de un restaurante.
comala es una mancha.textual.
una sobre.mesa que comenzó el miércoles en la noche y terminó el domingo. una perturbación que empezó en aquella vam donde un puño de damos y caballeras nos hicimos bolas cuando empezamos a charlar sobre sesudas reflexiones literarias y terminamos hablando de los moteles decadentes, los antros hediondos y las pulcatas esparcidas por algunas ciudades de este despedazado país.
comala es un hallazgo.
un encuentro.
un acierto.
una invención de lomelí y chantaca.
comala es una anomalía que comenzó en la artería, atravesó auditorios, colegios, ceresos, jardines, el restaurante la antigua comala, la mezcalería comalala, la exhacienda de nogueras, la cervecería jardín trapiche, el hostal comala y la casa de la cultura. dejó caer su sol sobre nuestras cabezas y nos adelgazó la sangre con tanto jodido aire puro. hubo que fumar, carnales, a madres y a mares para contrarrestar las malas intenciones de salud que comala da, de por sí, sin pedir nada a cambio. hubo que escabullirse, también, alejarse de la jauría para olisquear rincones y ladrarle al ladrido de los perros de rulfo, o meterse en las callecitas de nogueras y descubrir las manos de barro de los ceramistas saturninos y comprender ahí que comala es una grieta.
una cicatriz.
un texto que nosotros ―horda de escribanas, ascetas, abyectos escribidores, cachondas ermitañas, campesinos, feroces fotógrafos, alimañas en abstinencia, letristas melancólicos, iniciados e iniciales― desde la impertinencia y la sacralidad, intentamos continuar.
lo supe cuando escuche los cuentos en boca de sus autoras, leídos uno tras otro, casi sin resuello y con una vehemencia que hacía pensar en el calor de afuera, en el mezcal de anoche, en el ardor de adentro.
se leyó, carnales,
se leyó con enjundia como debe leerse un cuento.
y luego se le dio su buena aplaudida a los lectores.
se discutió, también, se habló de bebidas espirituosas y herrumbres y herrajes y mecanismos narrativos y teorías y citas de hartos, puños, chingos de escritores como si de veras,
como si al cuento le importara algo su autor,
como si le fuera necesario.

se conversó, carnales, se habló de recursos y técnicas y teorías y anécdotas y experiencias. pero eso es lo de menos; lo importante es que se leyó, se llevó el cuento a la voz.

pero comala también tiene nombres y hay que nombrarlos: luis felipe, valentín, ada, sugey, fernanda, rafa, daniela, yunuén, mayela y brenda: la banda, la tribu, los mugres.de.mis.uñas y las comaltecas letra.heridas. porque sin ellos nomás nel, nomás nanai, nomás ni madres. porque con ellos simón. con ellos cincho. con ellos silabario. con ellos comala es un ladrillo,
un ladrido,
una cuento envenenado,
una noche empapada de alcohol y humo,
una caminata en la madrugada escuchando el golpeteo de las botas en el empedrado,
un artefacto de ficción donde los autores cavamos para caber
una mentira bien contada que ardo de ganas por volver a repetir.

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