mayo 01, 2017

Unas líneas para entrar en la ferviente materia de la literatura de Edson Lechuga :: por Arturo Córdova Just

Entiendo que, para Edson Lechuga, escribir es entrar en ritmo, boxear con la propia sombra, abrir puertas secretas con la precisa combinación de las palabras.
Escribir para Edson Lechuga debe ser como viajar, como envolver al lector en una atmósfera hipnótica y dejarlo un poco boquiabierto, sorprendido por un certero, pero dulce golpe a la mandíbula del alma.
Los libros de Edson Lechuga no son prosa. En la literatura la prosa no existe. Lo que hay en ellos es una construcción poética, la capacidad de convertirse en surfista y cabalgar no la ola, sino con la ola.
La escritura de Edson Lechuga está sustentada en el vuelo y, también, al sentirse respirar sin separarse de los latidos del corazón. 
Edson Lechuga escribe con las manos y con el plexo solar. Se arriesga por lugares que no son fáciles de ver. Por ejemplo, en Luz de luciérnagas, la novela cuyo escenario es la ciudad de México minutos, horas y días después del inmenso nocaut del 85, el personaje que narra la historia transforma su mirada en una intensa secuencia de estremecimientos, en el ángel terrible que se abraza a nosotros en el derrumbe y nos lleva al pie de la muerte y las imágenes de su dolorosa victoria.
La voz narrativa es también una mirada en la que van apareciendo las fantasmales secuencias que nos llevan al centro del infierno, donde la muerte nos deja ver lo que no tiene remedio y hemos quedado atrapados entre hierros y piedras de una grandeza que habrá de perderse para siempre.
En todas sus narraciones, las voces de los personajes de Edson Lechuga se expresan desde la unión de la superficie y la profundidad, construyen una literatura de escenarios para verse a sí mismos y, al mismo tiempo, permitir que el lector salga de la comodidad para percibir el estremecimiento que implica la belleza.
Estamos delante de una literatura que no acaba, si no que principia en las orillas. La vastedad del mundo y sus acontecimientos es una substancia fluyendo por las venas de cada personaje.
Edson Lechuga ha comprendido que la creación literaria implica aceptar que es la sorpresa quien define nuestras vidas, que lo desconocido no es un don de la lejanía, sino un paradigma tan próximo como infinito.
Su escritura es un reto y cada uno de sus personajes planta la pregunta que necesita dar frutos y facilite morder el pan de la sabiduría.
Una novela, por difíciles que sean sus temas y, por ende su tratamiento es, para Edson Lechuga, como una caja de música. La escritura se desarrolla en el invisible pentagrama del espíritu. Se trata de ver a las emociones por dentro, de mirar con todo el cuerpo, incluso de observar a la muerte con voluptuosidad.
Los temas de Edson Lechuga son el amor y el viaje. Sus personajes son caminantes, y ponen todo el corazón al cruzar cada calle, al llegar a cada esquina.
La literatura de Edson Lechuga es una invitación a mirar con intensidad, estar en el aquí y el ahora, cultivar el presente de la acción poética, descubrir de nuevo nuestro rostro y darnos cuenta que se escribe y se lee para nacer, para purificarnos y pesar nuestros pensamientos.
La literatura de Edson Lechuga como una bandera y hacer ondear nuestras emociones aprendiendo de nuevo que, para llegar al centro del conocimiento, no existen las carreteras y el camino no es recto. Al contrario, somos nosotros quienes, ante el obstáculo, creamos las formas de franquearlo y formas, entonces, de imaginarnos.
La literatura de Edson Lechuga nos servirá para meter las manos al fuego en el que arden nuestras almas y, atravesándolo, va discurriendo el manantial de nuestros pensamientos.
Literatura para la vida y así saber que, de no tomar en las manos nuestro corazón,  es imposible crear, volver a llenar al mundo de imaginación. Edson Lechuga: escribir para salvarse, para cruzar el río e ir mucho más lejos que a la otra orilla.
Literatura para comprometerse con cada palabra, y nuestro sentir sea la verdadera pulsión de nuestros actos.     

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