abril 17, 2012

gotas.de.mercurio [próximamente]

Sin escucharme, Silvana sacó un puño de billetes arrugados y los puso en mi mano; dejó en mis mejillas dos besos tan convencionales que me pareció una mujer vulgar; después se giró y desapareció escaleras abajo.
Usaba el pelo muy corto.
Pude mirar su nuca.

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