junio 21, 2013

En La Jornada



No hay porqué negar lo que somos, menos en un ejercicio artístico, considera el autor
En Llovizna, Edson Lechuga pone en práctica la honestidad de la literatura.
 
En su libro más reciente, el autor indaga en los sentimientos menos prestigiosos de las personas


Ángel Vargas

Domingo 18 de septiembre de 2011


Hacer literatura es un ejercicio de honestidad, de ser capaz de desnudar esas cosas que a nadie le gustan de sí mismo, sostiene Edson Lechuga, quien después de publicar sendos libros de poesía y novela, da a conocer ahora uno de cuento, con el título de Llovizna.
Ser honesto, en literatura, implica serlo incluso en la mentira, aceptar cuando uno miente, sin ningún menosprecio, ni desprecio; colocar los sentimientos, las emociones, las ideas exactamente con la misma puntuación, tratarlas con la misma neutralidad, señala.
No hay porqué negar lo que somos, menos en un ejercicio literario, artístico. Pienso en la música: si una melodía pide ser tocada con rabia, así debe hacerse. Perderíamos mucho si el arte se ejecutara desde el amor de las telenovelas, esa visión de la vida que tratan de imponernos sobre lo bueno y lo malo, lo feo y lo bello.
Una de las principales búsquedas del autor poblano, según puntualiza en entrevista, consiste precisamente en confrontar esa perspectiva idílica planteada por los medios audiovisuales y proponer una lectura más acorde con la naturaleza humana, en la que tengan cabida los claroscuros y las contradicciones.
Ojalá que mi escritura pueda ser un ejercicio a contracorriente. Creo que nuestros gustos y apetencias están muy sesgados y manipulados por la infame televisión. Es importante levantar el dedo y dar un punto de vista diferente, subraya.
“La doble moral que pregona la televisión no es la única forma de enfrentarnos al mundo: la mujer no sólo tiene que ser tetona y nalgona, estar buenísima y sonreír tontamente; el hombre no es sólo el proveedor; no tenemos que tener los mismos sentimientos, ni ser únicamente buenos o malos.
Estoy en contra de ese reduccionismo; somos mucho más que TV Azteca y Televisa; ocurre que hay una suerte de alineación y alienación de catalogarnos a partir de lo bueno y lo malo, lo feliz y lo triste, cuando cada uno de nosotros encierra infinidad de significados.
Lo anterior explica por qué para Edson Lechuga es muy importante que sus personajes, por lo menos los de su libro Llovizna, muestren y cuestionen más asuntos éticos que estéticos: Me gustan más las personas que voy conociendo por su ética que por su estética. La televisión dice que lo más importante es la estética, y tiene prisa. La literatura muestra que lo más importante es la ética, y no tiene prisa.
Sobre este nuevo volumen de cuentos, coeditado por Colofón y Montesinos, el cual reúne 13 relatos escritos en el decenio más reciente, el autor precisa que en él buscó indagar en los sentimientos menos prestigiosos de los seres humanos.
Me molesta un poco la arrogancia del amor, esa idea que nos ha vendido la televisión de que tenemos que ir en su búsqueda, que es la finalidad de todo. Yo no lo creo, es un estado transitorio, al igual que las demás emociones; no es un fin, sino un medio por el cual se pasa, lo mismo que ocurre con los celos, el desdén, la soledad, el miedo, la lujuria, abunda.
Predilecciones, predisposiciones
“No debemos olvidar que estamos compuestos de miserias y grandezas. Instalarnos en una cosa de éstas necesariamente se vuelve antinatural, ya sean los celos o el amor. Llovizna intenta no una reinvindicación, sino un ejercicio de empatía hacia personas que viven circunstancias y provocan emociones muy poco prestigiosas, ocultas. En el libro hay historias de soledad, de amor y seudotraición, de remordimiento y traición explícita, de dolor y muerte.”
Cuando se le pregunta en cuál género literario se siente más a gusto, si en la poesía, el cuento o la novela, Edson Lechuga responde que no tiene predilección o predisposición especial por alguno, que es un escritor a secas, a quien lo que le interesa es la escritura en cualquiera de sus formas, relacionarse con lo real a partir de la ficción.
Asegura, además, que la literatura es un asunto de incomodidades, por ser un ejercicio más de dudas que de certezas, como ha podido comprobar en los tres géneros literarios que cultiva.
La novela, define, es su esposa, el cuento la amante y la poesía el deseo o el amor platónico: Entiendo que la novela es una relación marido-mujer, larga, con subes y bajas, tensiones y distensiones, lunas de miel, una relación de intereses comunes, de muchos años, en la que te mandas al diablo y luego te reconcilias; el relato es un fin de semana con alguien que recién conoces, un proceso de enamoramiento en el que no hay tiempo de que aparezcan los defectos del otro y se queda en algo bonito, y la poesía es sólo evocación, lo que pudo haber sido y no fue.

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