junio 21, 2013

La Fábrica de Mitos Urbanos

http://www.fabricademitos.com/la-verdad-desnuda-es-esta-mentira-sobre-gotas-de-mercurio-de-edson-lechuga/

 

"La verdad desnuda es esta mentira": sobre gotas.de.mercurio, de Edson Lechuga. Por La niña fonema



Vamos a toda velocidad, a toda risa y a toda prisa comiendo helado dentro del cochecito en el que navegamos avenida Universidad. Entonces digo: no sabes lo que me acaba de pasar. Saco el libro de la bolsa. Y leo:
En la nuca de Silvana caben todos los besos,
los míos,
los que no he dado.
Aquellos que he madurado en mis labios y he protegido con minúsculos caparazones de insecto.
Aquellos que he guardado bajo la espiral de la voz, bajo el gesto milenario de la sonrisa. Los que no sé dar, los que resisto, los que resguardo, los que protejo de la tala de otras bocas líquidas y cutáneas.
Aquellos que ocultan la cabeza dispuestos a no asomarse más que por incendio, por desgarro. Nunca por amor. Porque el amor es una enorme lengua de vaca lamiendo el rostro de un cadáver; el amor es la mentira del polvo acumulado sobre mis libros.
- Ya. Lo quiero leer ya- dice el Doctorito. ¿Verdad que sí?, le contesto. Y es que a nosotros no nos dan gato por liebre: hemos hecho certámenes en mi librero para elegir los diez mejores principios de novela y hemos dicho que Fitzgerald sí, que Hemingway no, que Rulfo es un campeón y que en las primeras frases de Dostoievsky comenzó la literatura contemporánea completa. En el anuncio del misterio de la nuca de Silvana adivinamos la promesa de una inquietud. ¿Qué es una buena novela, sino una inquietud que uno intenta agotar sin lograrlo?
Pues con esa inquietud abre gotas.de.mercurio. Con esa página inicial nos muerde, fuerte y bien.
En el centro de la historia está Sergio Bretón con sus culpas, sus huídas y sus búsquedas; en su entorno están los personajes que lo acompañan y a veces lo obsesionan: algunos pertenecen a su presente o a su pasado, a otros los busca en sus lecturas y a otros más los crea, porque Sergio Bretón, el cobarde protagonista, es también un escritor. Entonces, esta novela es una fuga construida en muchos niveles, con muchos recursos: en ella hay varios mundos, el nuestro, el de papel, un mundo de papel dentro de él y libros -mundos de papel- que el autor de papel toma prestados del mundo nuestro, que le queda a la orilla de la página. La novela nunca se detiene, porque es un viaje: el del protagonista que huye, pero también persigue: que busca con nosotros el sentido de todo y de sí mismo.
Sobre el pinche autor
Edson Lechuga nació en Pahuatlán, pero divide su tiempo entre Barcelona y la Ciudad de México, escribiendo, leyendo y enseñando; en contacto permanente con la literatura, se define a sí mismo como un escritor que ha hecho las paces con su propio proceso creativo:
Yo soy un orfebre, yo te hago trabajos de orfebrería; yo construyo artefactos narrativos bajo las tres premisas de Faulkner: verosímiles, con implicación emocional y que provoquen cuestionamientos. Es una visión muy romántica la del escritor que dice que una mañana se levantó porque tenía la certeza tremenda y terrible, y escribió la novela hasta las ocho de la mañana… Yo no conozco a nadie, a ninguno, conozco a algunos que lo dicen, no conozco a nadie que le haya pasado en realidad; esto no quiere decir que la inspiración no exista, o el talento, pero talento sin trabajo, sin oficio, es igual a una obra mediocre o nada, y trabajo sin talento es igual a una obra mediocre. Yo creo que son igual de importantes, lo que pasa es que el oficio se consigue, se estudia, se analiza, se practica… El talento no, el talento, a mi juicio, se descubre, lo tienes o no lo tienes, lo puedes estimular o no estimular pero se tiene o no se tiene.
¿Y cómo es el proceso creativo de Edson Lechuga en particular? 
Comienzo de lo externo a lo interno, digamos… Primero tengo varios fetiches, varios, varios: tengo que estar en soledad y en silencio para escribir, siempre escribo en una libreta, tomo muchas notas y esto lo paso al ordenador y en el ejercicio de pasarlo al ordenador es cuando comienzo a hacer narrativa, no sé si literatura aún, pero narrativa sí. En el papel es muy difícil que escriba algo con sentido, solamente son notas que luego me cuesta mucho trabajo interpretar o entender porque escribo como si escribiera con la pata derecha… Tengo que estar en soledad y en silencio, tengo que estar en una habitación solo, tengo que estar sin ningún ruido ni siquiera música, ni siquiera música clásica, debo tener a la mano algunos elementos de consulta: diccionarios, sinónimos, muchos libros, porque a veces soy muy obsesivo y me detengo minutos, quizá horas, en buscar un calificativo adecuado o una oración como creo que debe de ir… Puedo mover una oración sesenta veces, puedo cambiar una coma de sitio, puedo cambiar el calificativo, puedo mover el sustantivo, puedo quitar el sujeto, puedo hacerla más larga, más corta… Y si aún no considero que está claro, si no es claro, si no es conciso, si no es conmovedor, no estoy en paz, incluso cuando tengo novelas terminadas y hago unas relecturas tengo la tendencia a subrayar y a decir:  “esto no debí de decirlo así, es horrible, es horrible”, o “esto lo pude haber dicho de una manera mejor”. [...] Sí me gusta releerme, hay una cosa bien bonita porque, por ejemplo, releyendo, ahora que presenté gotas.de.mercurio en Cuernavaca, releí un cuento de Llovizna y hay una sensación de ajeneidad bien interesante; son cuentos que neta no me pertenecen ya, son personajes que han adquirido autonomía e independencia, independientemente del pinche autor, y esto es maravilloso de verdad. Son relatos que me gustan y que me conmueven independientemente del pinche autor, esto está muy bonito ¿no? [...]  Volviendo al proceso creativo, creo que los tiros van por ahí: una vez que tengo un contexto adecuado para escribir, yo creo que la creatividad necesita calentamiento. Yo me siento a escribir y las primeras dos horas no hago nada: papaloteo, doy vueltas, giro, escribo una cosa, me acuerdo de un texto, no sé, que tengo que consultar una información en Internet, la consulto… Hasta que empiezo más o menos a acercarme a ese estadio de donde surge la palabra con sentido, digamos, y creo que el diálogo y el buen rollo con mi proceso creativo consiste en que hemos llegado al acuerdo de que lo que me interesa y lo que pretendo es textualizarlo todo: es que yo estoy muy encabronado con la realidad, muy encabronado contigo, muy encabronado con todos, que la única forma de reconciliarme es a partir del texto y también que la literatura me da la oportunidad de incidir en esta cosa rara, abstracta, incomprensible, llena de cosas que entendemos como vida, y no escribir me hace sentir como al margen… Haga lo que haga, en cuanto escribo y en cuanto construyo siento que incido, siento que contribuyo con esta tontería.
Sobre gotas.de.mercurio, en particular, y la literatura, en general
¿Cuál es el germen de esta novela?
Un día tomé una nota, iba en  un autobús, hace unos nueve años, rumbo a Jalapa, y tomé una libreta y empecé a escribir sobre una serie de circunstancias de alcohol, calle, drogas y putas, y me hizo tanto daño que lo guardé. Siete años después era un muerto que había enterrado vivo; siete años después fui ahí a escarbar, a darle vueltas a las páginas de la libreta, e hice otro intento, a ver en qué condiciones me encontraba con respecto al texto, y me di cuanta que ahora sí podíamos dialogar, pero estos siete años fue un muerto enterrado vivo, estaba consciente y sabía que en algún momento tenía que escribir esta historia del fracaso de una fuga, una fuga fracasada, de un güey que intenta, que cree que poniendo tierra de por medio su condición puede cambiar y se da cuenta que no cambia nada, que si tú dejas una bolsa de basura en tu casa y te largas, cuando vuelvas estará la bolsa de basura y si vuelves cinco años después será peor porque estará la bolsa de basura atestada de gusanos. [...]  Sergio Bretón, es un hombre que está sacudido por la literatura, destrozado por la literatura y que comprende que si no es a través de la literatura no podrá salvarse; rubrico esta cosmovisión, yo reitero, si cada vez me gusta más escribir, cada vez me es más necesario escribirlo, escribirte y escribirme, porque cada vez [...] se hace más nítida la sensación de que si no escribo, si no meescribo, iré perdiendo sentido y esto es terrible, por eso la cita de Vallejo [epígrafe de la novela], porque comparto ese temor: “y si después de tantas palabras no sobrevive la palabra”…  Y si no sobrevive la palabra yo me pego un tiro. [...] La novela es la posibilidad de la vida, la vida son los hechos y la novela son todas sus posibilidades, todas sus posibilidades, me quedo con la novela. [...] Si me dan a escoger, la vida o la novela, me quedo con la novela indudablemente. [...] gotas.de.mercurio es Edson Lechuga abierto en canal, enseñando el cuajo, el nenepil, el buche, el hígado, el corazón, gotas.de.mercurio es Edson Lechuga abierto en canal pero respirando.

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